La opinión del lector
El Bernesga, ¿canal o río?
Una vez más, los responsables municipales han vuelto sus miradas al río Bernesga con la pretensión de abordar una limpieza de su cauce y riberas, aduciendo que la vegetación lo invade todo y no deja ver el agua. Se habla de lodazal, o de que el agua viene marrón por la acumulación de material en el río, sin tener en consideración y, sobre todo, sin valorar el privilegio que resulta tener un pedazo de naturaleza en el centro de la ciudad. De todos modos, la opinión de que la vegetación entorpece no es unánime: las numerosas personas que se paran diariamente en el puente de San Marcos para ver los peces, patos y otras aves que allí viven es un indicio de que hay quienes disfrutan de una naturaleza viva.
Con las escolleras, construidas en época de Mario Amilivia, se eliminó cualquier atisbo de vegetación en sus riberas, y con ello se disminuyó drásticamente la vida en su entorno. Afortunadamente, los pequeños resquicios que quedaron sin cemento entre las piedras permitieron que la vegetación se regenerara, pudiendo disfrutar ahora de una pantalla vegetal que da belleza y frescor a las riberas. Igualmente, las limpiezas del material acumulado que se realizaban periódicamente aguas arriba del puente de San Marcos convertían aquello en un erial. Desde que se decidió actuar de manera selectiva, respetando la isla central, el río se ha convertido en un vergel: allí y en su entorno anidan o se alimentan numerosas especies animales (azulones, garzas reales, martinetes, pato arlequín, milanos, cernícalos, aviones, martín pescador…). Y es que ahí radica la diferencia entre un canal y un río, entre un espacio cementado –al que tan aficionado era aquel alcalde- y un lugar con fauna y vegetación, en definitiva un lugar vivo. Por otro lado, se está despreciando un recurso educativo valiosísimo: en un pequeño paseo por el río, pongamos que entre el puente de San Marcos y la Plaza de Toros, se puede conocer un buen número de las especies arbóreas y arbustivas que de manera natural pueblan cualquier río de nuestra provincia: sauces, álamos, alisos, fresnos, abedules, arces…Muchas ciudades darían lo que fuera por disfrutar de un parque botánico como el que tenemos aquí, y además gratis. Hacemos senderos botánicos, con su cartelería, para ver árboles ornamentales que los escolares nunca conocerán fuera de un jardín o parque, pero en cambio despreciamos lo que la naturaleza, de manera gratuita, nos da.
Se ha aducido a problemas con la suciedad: una retirada de la vegetación no la evita, y sí una limpieza periódica de la basura, que no es tan complicada. También se trata de justificar el drenaje del cauce por el peligro de inundaciones: la existencia de la isla central del puente de San Marcos –que se decidió dejar tranquila, con buen criterio, después de muchos debates- no ha influido en que haya más o menos inundaciones en la ciudad. Si se quiere disminuir el depósito de materiales la solución es sencilla: eliminar el azud, que afea la vista y dificulta el libre tránsito de fauna piscícola.
Lo que aquí se dirime es si se apuesta por un canal, sin vida, o por un río con sus árboles y arbustos (que no maleza), y su fauna. Ojalá que, por el bien de la ciudad, se escoja la segunda opción.