Diario de León
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Apolinar Fernández Franco. león
León

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Elecciones en la ULE: valores vs intereses

Arranca el curso 2011/12 marcado por un evidente tinte electoralista. A tiro de piedra tenemos las elecciones generales del país, y, a la vuelta de las Navidades, en una fecha aún por determinar de la próxima primavera, se dirimirá la contienda electoral para designar rector de la Universidad de León. Los catedráticos que deseen aventurarse más allá del horizonte docente e investigador del área de conocimiento que les compete y se animen a presentar sus candidaturas, tienen por delante unos meses intensos, y sin duda ilusionantes, para convencer a la comunidad universitaria de que la suya es la mejor opción de gobierno para los próximos cuatro años. Utilizarán para ello dos vías antagónicas entre sí, por principio, pero complementarias por necesidad: valores e intereses. Los valores constituyen el norte necesario de cualquier programa de gobierno; sin ellos, las instituciones, la Universidad de León en nuestro caso, son barcos a la deriva expuestos a la zozobra y el naufragio en las aguas turbulentas de la crisis económica (y de valores, también y sobre todo) que nos toca vivir. Desgraciadamente, en los tiempos que corren, los valores cotizan a la baja y la experiencia nos enseña que las urnas no entienden de programas. El candidato que quiera alzarse con la victoria ha de dominar el lenguaje de los intereses y manejarse en el mercadillo del voto. En clave de negocio (y no hay mejor negocio que el que satisface los intereses de todas las partes), tendrá que lanzarse al ruedo y, personalmente o a través de los colaboradores más inmediatos, abordar abiertamente a los electores. Frente al interés de uno por hacerse con el Rectorado, están las expectativas de quienes tienen en sus manos las llaves del poder; intereses personales y colectivos, académicos en todo caso y legítimos todos ellos, que se cuecen en la trastienda lectoral (dejemos al margen aquellos intereses particulares que los oportunistas sacan a la palestra, confiando en la sensatez e integridad de los candidatos que, de entrarles al trapo, estarían condicionando, o hipotecando incluso, su futuro mandato). Es el precio del voto: voto decisivo del profesorado, voto esquivo y díscolo de los estudiantes, y voto poco más que anecdótico del personal de administración y servicios; pero votos importantes todos ellos porque suman (o restan), y los candidatos, listados en mano, tendrán que afinar la puntería y no errar el tiro a la hora de puntear los favorables (y también los adversos) si quieren que al final les salgan las cuentas. Está lejano aún el pistoletazo oficial de salida pero la cuenta atrás en las elecciones a rector de la ULE ya ha comenzado. Los interesados han movido ficha y están tomando posiciones sabedores de que también aquí se aplica aquello de que camarón que se duerme se lo lleva la corriente… Nos esperan meses interesantes.

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