Diario de León

LA 5ª ESQUINA

Todos eran mis hijos o de su madre

Publicado por
JESÚS A. COUREL
León

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Es posible que al dramaturgo Arthur Miller le dieran el Premio Príncipe de Asturias de las Letras (en el año 2002) porque al jurado le interesaba su permanente denuncia de los falsos valores de nuestra sociedad. O por ser viudo de Marilyn Monroe, que todo vale en el carrusel de los premios. Bien diferente sería que, al apagarse las luces del teatro Campoamor de Oviedo, los asistentes a tan fastuoso acto (en directo o por televisión) corrieran a la calle a hacer algo por la humanidad, aunque mejor animados con «un sueldo de la Warner Brothers», que diría un personaje de su aplaudida obra teatral Todos eran mis hijos , en estos días de gira por los escenarios de León. De cada sociedad somos hijos todos, aunque algunos quieran profesar en la orfandad. Y también somos padres y madres de lo que parimos, que no es bueno rechazar a los descendientes (como hizo Miller con un hijo síndrome de Down al que internó en un centro al poco de nacer). Con más o con menos capital, todos tenemos una hijuela en la herencia de la crisis. Y ahora no podemos renunciar a ella, porque ya nos hemos gastado una parte de su tóxico caudal. Nos queda el tercio de mejora, que pensamos invertir en mundiales de ciclismo, en encontrar el pimiento perdido o en participar de la teoría de la oxicombustión, que es algo que suena bien y mancha poco. Todo un proyecto existencial...

En la obra de Arthur Miller, uno de los personajes, Jim, comenta que vive «en la oscuridad habitual», que no puede encontrarse a sí mismo y que le es difícil recordar la clase de hombre que quiso ser. No se asusten si sienten algo parecido. Pero tampoco se precipiten a encontrar una salida pues, como dirían los jesuitas, no hay que hacer mudanza en tiempos de crisis. La historia es cíclica. Los imperios cambian. La hamburguesa se cae del plato del día para dejar paso al arroz tres delicias, aunque la morcilla leonesa permanece pues, como diría el poeta Ángel González, «repite y está hecha con sangre», como la historia misma. Aún con este panorama, no olviden que «todos son nuestros hijos», los que se fugan con el dinero de las cajas y los jóvenes en paro como Alberto Castedo, un ponferradino que ha sacado el mejor expediente de la Uned en informática de gestión; o como Nuria Rodríguez, otra berciana especializada en ingeniería química, que ha logrado un premio por su trabajo en la reducción de emisiones de gases en la combustión del carbón. A estos últimos les encajan bien mejor las últimas palabras de la madre, al final de la obra de Arthur Miller, que sentenciaba: No te eches la culpa… Olvida… Vive… Había que hacer algo.

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