FRONTERIZOS
Un guión de Beckett
Hay demasiado cálculo, demasiado recelo, demasiada maniobra orquestada en la penumbra. Hay demasiado pasado, demasiados años, demasiados errores, demasiados roces. También hay abundancia de egos, de intereses con complejas ramificaciones que nunca acabaremos de descifrar completamente, de enemistades que parecen extraídas de un dramón rural decimonónico, de monólogos sucesivos a los que llamamos diálogos, de oyentes que aparentan escuchar y de discurseros a los que nadie atiende. Da la impresión de que el guionista que escribe la dramaturgia cotidiana para este lado del Manzanal está demasiado influenciado por Samuel Beckett y le está saliendo un drama en un tono cercano al absurdo de los cincuenta, representado en un escenario ruinoso. Un drama en el que los protagonistas son actores secundarios, apenas figurantes de una obra cuyo desarrollo avanza a trompicones hacia un final que nadie conoce, aunque todos intuimos que será trágico.
No sé cuantos manifestantes salieron ayer a la calle en Ciudad del Puente en defensa del empleo, después de unos meses en el que los siniestros números del paro han alcanzado proporciones desconocidas por estas tierras. Pero lo cierto es que la convocatoria de esta manifestación y el hecho de que una organización empresarial y un sindicato caminen juntos en ella ha despertado no pocas suspicacias. Un internauta anónimo se hacía al respecto una curiosa pregunta: «por qué en este Bierzo nuestro siempre es más importante el que lo pide, que lo que se pide».
Seguramente el género reivindicativo también necesite una renovación pero, en cualquier caso, sería muy conveniente aprovechar el momento para dejar de lado esos atavismos individualistas, tan nuestros como el botillo. No creo que nadie deba renunciar a sus principios (en el supuesto caso de que alguno quede, después del éxito de la humorada marxista, de Groucho), pero tampoco veo tan difícil que sobre ellos se pueda establecer un acuerdo de mínimos que consiga algo aparentemente tan sencillo como aparcar la teorización sobre las diferencias para avanzar en la práctica de los objetivos comunes.
Probablemente nuestra comarca no sea ni la más rica, ni la más hermosa, ni tan siquiera la más cohesionada del mundo. Pero es un territorio que ha demostrado históricamente un dinamismo por encima de la media de zonas comparativamente similares, con potencialidades suficientes que no acaban de convertirse en realidades. Y aunque probablemente todos tengamos que hacer un ejercicio de autocrítica, difícilmente saldremos del agujero sin buscar sinergias (con perdón por la fealdad del palabro). Pero para eso necesitamos otro guionista menos beckettiano, tan empeñado en profundizar en el drama de la incomunicación.