Diario de León
Publicado por
MIGUEL PAZ CABANAS
León

Creado:

Actualizado:

Tomando una copa con unos cuantos leteos en el Café Etterbeeck, le oigo comentar a David Pérez, un poeta leonés que reside en Sydney desde hace tres años que, a su regreso a León se ha encontrado con que la gente está, en general, bastante cabreada. No indignada, que suena como más francés, sino colérica, encendida, vamos, echando humo. Yo trato de elaborar algunas justificaciones, pero creo que este joven me lo ha dicho con más tristeza que asombro, como si considerara que perder, no ya el equilibrio personal, sino simplemente los modales, es de una bajeza inasumible. Puede que le asista la razón, a pesar de que los motivos para perder los estribos sean cada vez más numerosos, desde esas indemnizaciones que se pactan en las Cajas, a las tonterías que se propagan sobre la oportunidad histórica que nos ofrece (como si esos asesinos tuviesen derecho a alguna contrapartida) la banda etarra. El panorama es para liarse a tortas, pero claro, esa actitud recuerda demasiado a un patrón ibérico, más o menos racial y cejijunto, que uno asocia a ciertas películas casposas de José Luis López Vázquez y de Pepe Isbert. Quien más y quien menos los ha visto en alguna reunión de vecinos, conduciendo un taxi en un atasco, o pegando voces a la enfermera en el Centro de Salud. Gente mal encarada, irritable, muy dada a soltar improperios y sentencias ponzoñosas. El español (o leonés) de toda la vida, cuya única aportación a la modernidad es haber cambiado el buche de bicarbonato por una pastilla de omeprazol. Tienen mucha razón, como digo, para sentirse así, pero también es verdad que de la ira no sale nada beneficioso y que los puñetazos en la mesa, antes que después, lo único que provocan es que el vino que nos quedaba acabe derramado por los suelos. Y vino, lo que se dice vino, cada vez hay menos en el fondo del vaso.

Va siendo hora de que nos tomemos lo que viene con madurez, que no significa con resignación, sino con una actitud crítica y valiente: es decir, evitando que nos humillen o tomen el pelo, pero asumiendo también nuestra propia responsabilidad. Ahora mismo, si algo sobra, son los iluminados, los aprovechados y los ruidosos. No añadiré los necios, porque esos nunca desaparecerán del todo.

tracking