EL BAILE DEL AHORCADO
Moscas
Es tan grosero que ya resulta aburrido. El negocio de la libertad ha dado para mucho, sobre todo para unos pocos que han demostrado que la decencia no va con ellos. Este es un país en el que se trata a los sabios como al personal de servicio en las películas de Berlanga y en el que poco a poco el estigma de la corrupción se ha convertido en una pátina de reconocimiento social.
Entre todos hemos creado una sociedad en la que el crecimiento se basa en el divorcio entre economía y productividad, en la riqueza golfa y fácil, sin valor añadido.
La aristocracia del mérito ha sido arrinconada por la avidez de la ostentación y hemos llegado a un estado de cosas en el que los papeles han cambiado.
Aquí, el mejoramiento social es un lugar dominado por la hemiplejia moral, sin proyecto vital sino el del dinero. Prudencia, fortaleza, templanza y justicia, las virtudes del buen gobernante se han cambiado por las del castizo coge el dinero y corre.
Y todavía les hay que empuñan la rosa como argumento político mientras miran la miseria del común desde la atalaya de la prebenda, quienes vuelven —después de ser elegidos en conciliábulos destinados a legitimar el principio de codicia— a ponerse la etiqueta de representantes públicos, y nos aseguran que trabajarán por nosotros, como si de su familia se tratara.
Pues eso, esclavos, famuli , en eso nos ha convertido esta democracia que no es más que una tiranía de la vulgaridad, en la que hemos sido voluntarios a las cárceles de Piranesi. Como corderos al matadero, nosotros mismos nos encargamos cada día de poner la máquina en marcha y, mientras, seguimos con la ilusión de ser ciudadanos libres.
Esta democracia se ha convertido en el opio perfecto, tanto que la coacción ya no es necesaria. Nos dan servidumbre a cambio de la mediocridad de vivir en el paraíso de la clase media y así hemos tragado con la corrupción que lo mantiene… y poco a poco hemos ido cayendo en el pozo de la proletarización, convirtiéndonos en simples tuercas del engranaje que otros manejan.
Hemos elegido vivir en Argos, haciéndonos cómplices del crimen y estas moscas que hoy llenan los periódicos son el castigo de haber renunciado a nuestra libertad.