EDITORIAL
La última batalla del comercio
La liberalización horaria del comercio en Madrid impulsada por el gobierno de Esperanza Aguirre es, advierten los profesionales del sector en León, un mal precedente, incluso el peor posible en la actual situación de crisis. El contexto económico sitúa al comercio leonés en la peor situación histórica, con unas pérdidas de ventas arrastradas en lo que van de año de casi un 10% sobre el pasado, que ya fue muy malo. Por si fuera poco, la actividad de septiembre y octubre —«horrorosos», en un elocuente calificativo profesional— anuncia un balance realmente preocupante sobre las de temporada, ya que el comercio sólo ha podido vender entre el 10% y el 20% de las existencias para la campaña de otoño tras un verano excesivamente largo.
Pero no es el calor de un estío largamente prolongado lo que asfixia al sector, sino el sofoco de una crisis que parece interminable y los miedos más que justificados de la ciudadanía por sus todavía imprevisibles consecuencias.
La ley de comercio de Castilla y León ya establece la apertura del sector en ocho de los doce festivos que lo hacen otras comunidades. Y lo considera suficiente. Casi excesivo. La experiencia viene a decir que en esas situaciones, salvo en el caso muy concreto de dos puentes en todo el año, el comercio no vende en esos casos ni una cuarta parte de un día normal. También fue un fracaso el horario continuado de los jueves ensayado en la capital. Que nos dejen como estamos, viene a pedir el comercio leonés, que a través de las asociaciones y federaciones ha puesto sobre aviso a Rajoy en relación con el precedente de Aguirre, que aplicado fuera de su ámbito territorial y en concreto aquí sólo supondría pérdida de negocio, pérdida de empleo, cierre del pequeño comercio y algo con lo que ya se está jugando peligrosamente: la imposibilidad de conciliar la vida laboral y familiar. Es demasiado lo que hay en juego.