EN BLANCO
Identismo
León es un lugar de viceversas, y por ello precisamente la tragifarsa de la vida local radica en que hemos llegado a un punto en el que ya no sabemos si nos duele la espalda o está duro el colchón.
Por un lado, el plus de irritación con que se maneja el común del pueblo queda patente en la perpetua ofensa local contra todo lo venido desde Valladolid, sean personas o ideas, aunque llegadas las elecciones esos mismos quejumbrosos voten en mayoría siguiendo la orientación de que las cosas sigan tal como están.
La irrupción del Estado de las Autonomías representó un auténtico accidente de la historia para los intereses locales, hasta el punto que gran parte de nuestras esperanzas colectivas se fueron a parar al macabro contenedor de la desilusión.
Distintos movimientos culturales establecidos a nivel nacional recomiendan como terapia colectiva evitar ese atracón de malsana identidad, los identismos a ultranza, para mantener viva la llama de la ilusión y no perdernos del todo en la encrucijada tan descabellada e incomprensible que nos ha tocado vivir.
Este periódico que tienen entre las manos publicó, allá por el casi cuaternario año de 1916, los llamados «mandamientos del perfecto leonés».
Una declaración de intenciones puras y compromisos que recomendaba, por ejemplo, honrar a los antepasados siguiendo los ejemplos que nos legaron en cuanto a tradición e historia.
El Diario de León de la época consideraba otro error contumaz, y desgraciadamente muy extendido antes y ahora, el restar mérito a los compatriotas y adulterar las costumbres propias a base de tejemanejes ajenos a nuestra idiosincrasia.
Y a modo de colofón, el articulista aconsejaba no matar a fuerza de indiferencia cualquier iniciativa provechosa encaminada a la obtención del bien general.
En definitiva, un canto a la autoestima que permanece en nuestra valiosa hemeroteca, bien resguardado en la alacena de los más nobles sentimientos leoneses.