CON VIENTO FRESCO
Ganó el cambio
Las encuestas no se han equivocado: a estas horas de la noche la victoria del PP es arrolladora —186 diputados casi con el 100% de los votos escrutados— e irreversible. El mar de fondo de un descontento social con la errática política de Zapatero, especialmente su inanidad ante la crisis, los cinco millones de parados y el riesgo a una intervención europea por la prima de riesgo han llevado a muchos millones de españoles a votar al PP de Mariano Rajoy. Este resultado puede ser visto como causado por el miedo (no hay que descartar los miles de votantes del PSOE que, aún tapándose las narices, han votado PP como tabla de salvación ante el precipio), pero también como una esperanza de que Rajoy, mesurado y responsable, tomará las medidas necesarias para sacarnos de este atolladero.
No lo va a tener fácil. No hay que ser ingenuos ni creerse lo dicho en la campaña electoral: las medidas que se tienen que tomar serán duras y, al menos por un tiempo, nos empobrecerán a todos. Lo primero es dar confianza a los mercados, lanzar señales de que España cumple sus compromisos y de que pagará sus deudas; pero esto no es más que una condición mínima, pues las grandes medidas tienen que ver con las reformas estructurales: la del mercado de trabajo, el control del gasto público, reducir el déficit, crear las condiciones para la dinamización de la economía, etc. El PP, aunque no esté mucho por labor, debe saber que si lo perentorio es la crisis y el paro, lo importante es reorganizar la estructura del Estado. Esta amplia mayoría también se la hemos dado los españoles para fortalecerlo, recuperar competencias en áreas que afectan a la igualdad de los ciudadanos, como la educación y la sanidad, y cerrar de una vez por todas el Estado autonómico.
El PSOE, cuyos resultados han sido catastróficos (Zapatero le ha dejado en herencia al PSOE 110 diputados, el peor resultado de la democracia), tiene una enorme responsabilidad en lo que se avecina. Puede enrocarse en torno a las viejas políticas y líderes trasnochados como Rubalcaba o Chacón (la derrota de ésta ha sido humillante, aquél ya ha pedido un congreso). Será fácil, con la drásticas medidas que habrán de tomarse, hacerle el juego a los sindicatos, al movimientos 15M o a los nacionalistas (lo de Amaiur, con 7 diputados, es otra herencia de Zapatero), y dificultar la salida de la crisis. Por ese camino terminarán en la nada. Por un largo tiempo han de pasar la dura travesía del desierto. Si quieren regresar a la tierra de promisión deberán sufrir una profunda catarsis: renovarse en sus cuadros (era patética la ausencia de jóvenes en los mítines del PSOE) y cambiar su discurso de división social y territorial, como pretendió irresponsablemente Zapatero, y defender una política auténticamente nacional.