EL BAILE DEL AHORCADO
Médicos
Siempre con los médicos. Ni con los farmacéuticos, ni con los registradores, ni con los notarios o los ingenieros, no, siempre son los médicos los que tienen que convertirse en el cordero sacrificial a través del cual los políticos, de uno y otro signo, representan la tragedia para la catarsis colectiva, para la purificación de la sociedad. Aún recuerdo la frase del político. Asesinos de batas blancas, les llamó.
Y llegó la ley de incompatibilidades, y la noche de los cristales rotos, el día en que se comenzó a equiparar el error con la complicación, y así seguimos, criminalizando a los que trabajan para mejorar o salvar nuestras vidas.
Ahora pondrán a José Luis Díaz Villarig a los pies de los caballos por decir una obviedad, que el sistema público de salud no se sostiene, y que los médicos no pueden seguir pagando la papeleta de una gestión más que lamentable. Y es que vivimos en un mundo imaginario, en el que todos contribuimos a mantener a los ciudadanos en un teatro de medias verdades o medias mentiras, narcotizados, alejados de la sociedad, como en un escenario de sombras chinescas.
¿Cuánto cuesta la sanidad? ¿Qué parte de nuestros impuestos se destina a pagar medicamentos, cuánto a investigación, a quirófanos, a cirujanos o a atención primaria y cuánto a pagar enchufadillos, a empresas públicas que podrían cerrarse sin consecuencias, cuánto nos cuesta un absurdo como el Senado? Desde Girón de Velasco hasta nuestros días, el español se ha convertido en el mejor sistema de salud público del mundo, tanto que los hay que organizan viajes de turismo médico.
El abuso no tiene importancia, o no tanta, en épocas de abundancia, pero ahora las cosas han cambiado y es hora de decidir quién paga los platos rotos. Puede hacerse como en Cataluña, que sigue pagando el doblaje de películas a la lengua de su particular Sangri La mientras se cierran quirófanos y ambulatorios y se reducen los honorarios a los médicos, o puede ponerse por delante al ciudadano, y cuidar a la profesión médica. Lo mejor de todo son las declaraciones del consejero de Sanidad, Antonio Sáez Aguado, desempolvándose la responsabilidad y diciendo que el déficit no es un problema de mala gestión de las comunidades. Pues nada, que dimita y devuelva las competencias al Estado. Nos ahorraremos mucho en burocracia y podrá destinarse a enjugar el déficit o a contratar más médicos.