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felipe ramos
León

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Increíble, inaudito, inverosímil, inconcebible, insólito, intolerable, reprobable, asombroso... Póngale ustedes todos los adjetivos que crean a lo que ayer sucedió en el Consejo de Caja España-Duero, esa Caja que hubo un tiempo fue de los leoneses y que ahora es el cortijo de Evaristo del Canto y del ínclito Tomás Villanueva. ¡Quién sino!

Ya saben. A partir de ahora, cuando ustedes quieran revestir de legalidad cualquier actuación con visos de no serlo o parecerlo encárguense a sí mismos un informe y, si éste tampoco les gusta del todo, pues mandan hacer otro. Y así hasta que acierten con el que les diga que todo es «legal e irrevocable», como los 554.000 euros que Francisco Fernández ha cobrado de indemnización de la Caja en concepto de «rescisión de contrato a modo de jubilación».

¿Y eso qué es? se preguntarán ustedes. Porque hasta ahora se hablaba de rescisiones de contratos, de una forma de otra, incluso de prejubilaciones, pero ¿a modo de jubilación? Uno, o se jubila o no.

Ese ‘a modo de’ es una tomadura de pelo perpetrada por Del Canto y su valido director general, José María de la Vega, que es la perfecta voz de su amo, y por el consejero castellano Villanueva. Y aquí paz y después gloria. Francisco Fernández ya ingresó el 7 de septiembre esos 554.000 euros —recuerden que son casi 100 millones de las desaparecidas pesetas— y mientras tanto, en la entidad que preside Evaristo del Canto aprietan las clavijas a pymes, autónomos y ahorradores a la hora de concederles un mísero crétido, que les permita invertir, mantener su negocio o incluso subsistir.

Fernández ha dimitido de todos sus cargos y evidentemente no va a devolver un dinero que le han dado estos gestores de la Caja, que dicen incluso que ahorran con su marcha, pese a que ni siquiera se había ido porque lleva doce años de excedencia por su actividad política y no había solicitado el reingreso. Un Fernández que se ríe de todo y de todos. Y sino que se lo pregunten a Zapatero o a José Antonio Alonso.

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Además, ahora resulta que la Seguridad Social del ínclito hasta que cumpla los 64 años, es decir la nada despreciable cifra de 60.000 euros, también la van a pagar los ahorradores de la Caja. Vamos, el si no quieres caldo... dos tazas. ¿Puede haber mayor ingnominia?