La opinión del lector
Celebración del 75 aniversario de Paracuellos
El día 27 de noviembre se celebró con mucha solemnidad el 75 aniversario de los mártires de Paracuellos de Jarama, recordando a varios miles, entre los que había un buen número de agustinos, varios de León. Se celebró una misa muy concurrida en la capilla del cementerio, convertido en relicario con sus siete hitos de cruces blancas, evocando las siete zanjas, donde cayeron los que fueron fusilados por ser religiosos y cristianos. Allí la naturaleza se personaliza y petrifica como en El Escorial.
Presidió la eucaristía el obispo de Alcalá de Henares, monseñor Juan Antonio Reig Pla, que previamente había enviado una carta de invitación a los 21 provinciales de religiosos con hermanos sepultados allí. Por eso acudimos más de 100 sacerdotes y varios miles de fieles, en su mayor parte familiares de los que allí reposan esperando la resurrección y el reencuentro para siempre con Dios, del que dieron testimonio.
El año pasado, después de la celebración, el obispo visitó las siete zanjas, rezando un responso frente a los monumentos conmemorativos. Este año, el acto resultó tan concurrido y emocionante, que el obispo proclamó que ese día, allí se estaba haciendo una verdadera memoria histórica. Los que hablan de ella, deben ir a ese lugar y hacer memoria de los «granos de mostaza que fueron inmolados en la tierra de Paracuellos de Jarama en 1936 por Cristo y por España», como dice el recordatorio de la Hermandad, que se encarga del cuidado del cementerio. Una anciana dio un viva el obispo y afirmó que era «el acto más solemne celebrado en ese lugar». Personalmente evocaba a Auschwitz y a Dachau, que visité con un agustino escurialense, buen músico y cantor de los mártires agustinos masacrados en Paracuellos, 98 ya beatificados.
Desde el aeropuerto de Barajas se ve una cruz blanca en el cerro de San Miguel. Como me dijo el día antes el obispo complutense, mientras asistía a una concelebración en la catedral de Alcalá de Henares con los caballeros de Isabel la Católica, convenía ir a Paracuellos, del que se habla mucho y se visita poco. Allí hay bastantes que están en un proceso ralentizado de canonización, como la sierva de Dios, Isabel la Católica, a la que se tributó un bello Elogio por Blas Camacho Zancada, buen jurista y orador. Monseñor Reig Pla pronunció un bello sermón en la capilla del cementerio. A pesar de ser un poco largo, resultó breve y muchos lo escuchaban de pie con alegría y gozo. Sus palabras estaban encendidas de luz y de esperanza, como lo hacía Santo Tomás de Villanueva. Al recordar en el Paraninfo de Alcalá a sus eminentes figuras, cuyos nombres aparecen en la cornisa, omitió al gran arzobispo de Valencia, algo justificable dado el gran número de sus maestros. Cuando se lo advertí, le hizo gracia saber que allí en la universidad de Alcalá está una bella imagen de Santo Tomás de Villanueva, mientras que su estatua en la universidad, que llevaba su nombre en La Habana, está decapitada. Me recordó de nuevo la conveniencia de ir al día siguiente al acto de Paracuellos. No había pensado en ello, ni entraba en los planes del viaje a Madrid, donde tuve la oportunidad de acompañar al provincial de los agustinos, llamados filipinos, a la celebración del 75 aniversario de los mártires de Paracuellos de Jarama. Como expone monseñor Juan Antonio Reig Pla en la invitación: «sin duda se puede afirmar que no existe en España otro lugar parecido, testigo y custodio del derramamiento de sangre de tantos testigos de la fe». Merece la pena visitarlo.