Diario de León
Carlos Frá
León

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En un país en el que hemos convertido en auténtico doctorado eso de la picaresca hay asuntos que requieren cautela. Decir con rotundidad que se acaban las prejubilaciones porque ha habido mucho abuso es fácil. Lo han puesto sencillo las empresas que han limpiado sus plantillas del personal que ya exhibía canas y calvas, y que complicaba los balances con unas nóminas muy alejadas de los jóvenes becarios —que por cierto manejan mejor el ordenador— y que siempre son más dóciles.

Y también facilitan el pronunciarse contra las prejubilaciones los abusos que a todas luces se han producido por parte de quienes les costaría incluso determinar cuál era su verdadero puesto de trabajo después de años sin personarse por el lugar de autos.

Pero detrás de las prejubilaciones también existe otra realidad. Existen profesiones y especialmente oficios en los que se hacen realmente necesarias. Espaldas destrozadas después de millones de kilómetros tras el volante o deeneís que exhiben edades impropias para el andamio o para el arado dejan patente que detrás de tanto abuso hay otra realidad que requiere una singular atención.

Siempre es difícil separar el grano de la paja y más cuando se trata de historias personales. Pero en casos como éste se hace más que necesario. Aquí en León hemos visto casos tan singulares de prejubilación que incluso en las explicaciones ni siquiera se han puesto de acuerdo y se han contado más versiones que las que se rodaron de Rocky —incluida la Yo hice a Roque III , de Parajes—.

Ahora parece que el Gobierno de Rajoy aplicará aquello del cura que abroncaba a los feligreses que iban a misa por los ausentes. Y meterá la tijera en un asunto que requerirá máximo rigor. También se anuncia que la fórmula para calcular la pensión se ampliará al máximo para que se vea reflejada toda la vida laboral del trabajador. Y con la que está cayendo en materia de empleo juvenil y con las expectativas reales que tienen en estos momentos y posiblemente en los futuros es para preguntarse cómo se les podrá realizar ese cálculo.

Lo más curioso en las prejubilaciones son las políticas. En cuanto alguien pronuncia la palabra «renovación» en un partido unos cuantos cuarentones o cincuentones se acomodan en algún consejo o ente sin ningún pudor. Eso sí son retiros dorados.

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