AL TRASLUZ
La entrevista
E n la entrevista exclusiva que concedió a este periódico, Rodríguez Zapatero utilizó dos veces la palabra «tiempo». La primera vez para esgrimir que será «el paso del tiempo» el que permita evaluar con objetividad su labor; la segunda, a la pregunta si las decisiones sobre la crisis se tomaron tarde, y respondió: «Dejemos pasar tiempo para que eso se evalúe». Pues dejémoslo. En una última reflexión abogó porque los políticos hablen bien de los demás políticos: cuando no hay cámaras ni fotos, la relación es mucho más fácil de lo que parece. «Creo que al país le vendría muy bien que habláramos bien uno de otros». Tiene razón, él no ha sido un gobernante faltoso. Pues sí, salvo con personajes con los que no hay manera, y son contados, lo que une es siempre más que aquello que separa. Las cualidades personales en un político son tan valiosas como sus conocimientos técnicos. Por ejemplo, el popular Antonio Silván y el socialista Francisco Álvarez serían, a mi juicio, dos ejemplos de quienes saben combinar el ejercicio de su responsabilidad con unos buenos modales que van más allá de las formas, para ser también fondo. Hay muchos más. El desempeño diario de esta concepción de las relaciones humanas, compatible con la crítica, acaba siendo más eficaz que la constante descalificación, aunque ésta dé más titulares.
El paso del tiempo clarificará sus aciertos y defectos como presidente del Gobierno. Pero tampoco te puedes bañar dos veces en el río del pasado, pues sus aguas nunca volverán a ser las mismas. Y nada podrá ser analizado con rigor sin reconstruir todo el conjunto de circunstancias; por ello, resulta tan difícil explicar hoy la Guerra Civil, entender sus aguas pantanosas. Tampoco la etapa Zapatero podrá ser reducida a fechas y a fichas, describir sus aciertos y sus errores obligará a contextualizarlos.
Nuestra democracia como diario intercambio de improperios debería considerarse ya un modelo acabado. La crisis ha desenmascarado su inutilidad. Urge construir una nueva política, más emocional y noble, donde los políticos hablen bien los unos de los otros, y no por mero compadreo, sino por respeto y sentido del otro como prójimo. A ver si para el año que viene ¡Uf!