Diario de León
Cristina Fanjul
León

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Que la ministra de Sanidad e Igualdad diga que el lenguaje es lo de menos es una muestra más de que la ilustración no hizo mella en España. Llegar, llegó, y ahí están Jovellanos o Feijóo para demostrarlo. Sin embargo, y siguiendo con Jovellanos, está claro que la instrucción pública sigue siendo una asignatura pendiente, también para algunos ministros. Y es que negar que la realidad cambia según las palabras que utilicemos para representarla es como vivir con los ojos cerrados, o como tener las ideas en la caja fuerte de la hemiplejía intelectual. El universo de Merkel no es el mismo que el de Rajoy, a pesar de que el Gotha del nuevo presidente sea el sentido común.

Érase una vez Wittgenstein, para quien la frontera de (mi) mundo marca la maginot de (mi) lenguaje, o ¿era al revés? Y también hace un tiempo fue Gorgias, maestro de la retórica, que defendía que las palabras no servían para expresar el mundo. En su sistema de pensamiento, los sonidos no significan más que lo que cada uno de nosotros quiera que signifiquen, porque todo resulta incomunicable. ¿Cuál sería entonces la utilidad del lenguaje? Pues, once upon a time , Humpty Dumpty (he usado tantas veces a Alicia que Lewis Carroll debería pedirme derechos de autor) se sentaba en un muro…

El diálogo se produce en A través del espejo y es una muestra de que todos utilizamos el lenguaje para confundir, para convencer, para que sea nuestro concepto de la realidad el que se imponga, porque la palabra es siempre eso, nosotros, nuestra intención, nuestra voluntad. Ninguno seríamos sin la existencia de la palabra que nos contiene: «Cuando utilizo una palabra significa justamente lo que yo elijo que signifique, ni más ni menos». Humpty Dumpty le asegura a Alicia que se puede hacer que las palabras modifiquen la realidad si él así lo decide. «La cuestión es si puedes hacer que las palabras signifiquen tantas cosas diferentes», a lo que el personaje le contesta que no, que la pregunta a la que hay que responder es which is to be master .

Es decir, aquí lo que importa es saber si el verbo manda o si somos nosotros los que decidimos qué es lo que quieren decir las palabras que usamos. Nuestra capacidad volitiva se expresa, también, a través de las palabras, que debemos usar con conciencia de lo que entrañan. Lo siento, no es lo mismo violencia machista que violencia en el entorno familiar, y las 65 mujeres asesinadas en el 2011 se merecen al menos que la ministra sepa como lograr que el lenguaje, además de todo lo demás, las proteja.

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