Diario de León
Luis Urdiales
León

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Antes de que Maldonado dejara huérfana la información meteorológica y sin ese animal mediático que necesita el paisano que asiste al tiempo como a un acto de fe, este asunto ya era causa mayor en las conversaciones de ascensor. Para matar los silencios, más que nada.

Los últimos inviernos fueron de los especialistas, que se multiplican ahora por esporas y páginas web y meten en danza a las nuevas tecnologías de la previsión para hacer vaticinios de lo que va a caer el dios de las isobaras y las bajas presiones de aquí al día de jueves santo; como poco. Nos comen los mapas del tiempo en la tele, las fotos de León amaneciendo bajo una manta de niebla, el giro del sol en el ocaso de la montaña oriental; es la única forma que tiene esta tierra de salir en un espacio de máxima audiencia.

Esta vez no. Las quinielas sobre a la hora que iba a nevar que se soportaban en la tertulia del vermú y el mus, en forma de apuesta millonaria, han dejado paso a una previsión aburrida que domina un sol radiante, y 14 grados en la sobremesa, en un lugar en el que enero acostumbra a clavar los colmillos afilados de la nieve, los chupiteles o los termómetros en torno a los trece bajo cero.

Así es que el viento del norte se ha puesto terco y ha dejado de desviar la atención de las conversaciones incómodas a las que recurre la gente por la calle o en el ascensor cuando no tiene otra cosa de qué hablar. Ese hombre, nieva, o, qué barbaridad, se junta una helada con otra, no quita este enero espacio a charlas más distendidas, como la que se puede referir a los cuarenta mil leoneses y leonesas que tienen toda su esperanza de trabajar puesta en una cola interminable en la fila del paro. Esa sí que es una borrasca de invierno, esa, y no la que anuncia Roberto Brasero, aspirante a rey en el mundo catódico de la meteorología.

A falta de nieve, que tiene peladas las cumbres de León, inquietas las previsiones económicas de quienes estacionalmente son capaces de hacer negocio con el esquí en la provincia, temblando al jefe de la tesorería de la Diputación y descarnados los recuerdos afligidos de quienes fueron expulsados de sus vidas en el Luna, Riaño y Vegamián, descarguemos como los políticos la conciencia sobre esa fila de 40.000 leoneses que no tienen un empleo.

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