Diario de León
Publicado por
FÉLIX MADERO
León

Creado:

Actualizado:

Como cualquier ciudadano ando confundido con los casos de corrupción que animan nuestra vida política, judicial y periodística. Lo que conocemos golpea a unos cuantos, pero hay réplicas del impacto en nuestras conciencias. Y sin embargo algo no estamos haciendo bien. Los romanos ya se preguntaban aquello tan inquietante de «cui prodest» —a quién beneficia—, y lograban esclarecedoras conclusiones. Séneca, un moralista que hoy no tendría sitio entre nosotros, escribió en Medea que «aquel a quien aprovecha el crimen es quien lo ha cometido». Conviene preguntarnos por el papel del chófer que denuncia a su jefe, del que recibió 1,5 millones a cambio de que fuera su proveedor de cocaína. Dice ahora que quiere contar la verdad porque «le están puteando»; conviene preguntarnos sobre el relevante papel de un sastre que antes y durante el juicio a Camps cambia de testimonio como de chaqueta. Y lo mismo con el empresario gallego que, tras salir de la cárcel, acusa al exministro José Blanco de haber recibido una pasta a cambio de algunos favorcillos. Personalmente no me fiaría de ninguno, es más, no me dejaría invitar a un café ni por el sastre, ni por el chófer ni por el empresario

Lo dicho no quita para que Camps, torpe donde los haya; Blanco, inquieante como ninguno; y el director general de Trabajo andaluz, estrafalario como el que más, tengan sus culpas y deban ser condenados. Lo dirán los jueces. Por de pronto los medios picamos el anzuelo, y antes de que conocer la verdad objetiva que una sentencia determina ya hemos hecho nuestro particular juicio.

Pregunto a un prestigioso fiscal por qué unos van a la cárcel y otros no; por qué unos pasan años en la trena y otros son indultados. Me mira durante un par de segundos y hace un gesto como diciendo que él tampoco lo entiende. ¿Y los jueces? Malos tiempos para ellos.

Ferdinand von Schirach narra en Crímenes su experiencia de abogado defensor de asesinos y tipos malcarados. Habla de un juez que cuenta a sus alumnos que «el verdadero sentido de la independencia judicial era que también los jueces aspiraban a dormir tranquilos». Nótese lo bien que el magistrado elige el tiempo del verbo y pregúntese una vez más eso de «Cui prodest?».

tracking