La opinión del lector
Melchor, Gaspar y la madre que los parió
Empezaré esta carta disculpándome por ser camionero y de género masculino por lo que reconozco que el día 4 me levanté a las seis y media de la mañana (agravante de nocturnidad, ojo) porque tengo que trabajar para llevarme un sueldo digno a casa sino para hacer el mal llegando tarde a entregar la mercancía, atropellando perros, siendo infiel a mi mujer en todos los puticlubs de la N-IV (todo el mundo sabe que si eres camionero el sexo es gratis, también el alcohol, por eso vamos siempre borrachos) y yendo a 90 sólo por fastidiar sin tener nada que ver que el camión incorpore un dispositivo que limita su velocidad. Somos mala gente.
Por eso se entiende que en Candasnos, al pasar frente a un bar de carretera un binomio operativo de la Benemérita saliese en mi persecución, me adelantase cuando en un acto de falso civismo le di paso y tras unos kilómetros de hacerme circular a 75, como queriéndome anunciar lo que se avecinaba, me indicaron que parara. Estaban bien instruidos por lo que colocaron su furgoneta hábilmente cruzada frente a mi camión para evitar así que saliese derrapando y me diese a la fuga con 40 toneladas y limitado a 90 ¡qué profesionales!
Uno se subió al camión (como Pedro por su casa, oiga, pase usté hasta la cocina) y entonces posó su mirada entrenada de sabueso, era bueno el tío, nada se le escapaba y descubrió a la primera que mi cinturón de seguridad llevaba la pinza, una pieza de plástico que evita que el cinturón te apriete continuamente. Entonces apareció el otro, el poli bueno pensé yo equivocado, se miraron y en ese momento toda la astucia de la humanidad se reflejó en sus pupilas, la pinza dijo el otro reconociendo la evidencia de un gravísimo delito, volvieron a mirarse y esta vez reconocí en esa mirada un «Lo tenemos Billi» y acto seguido me pidieron toda la documentación del camión.
Debo reconocerlo, me sentó mal y quizás por prever la que se me venía encima osé dirigirle la palabra y le afeé la conducta diciéndole que me parecía mal que con la que estaba cayendo (me refiero a eso de la crisis) me parasen no porque hubiese cometido ninguna infracción o por control rutinario sino para buscar cualquier cosa por la que multarme, entonces aparece el otro y sentencia: «Debe usted llevar dos extintores tipo A/B de 9kg ¿dónde están?». A estas alturas confieso que sudaba como Chicho terremoto en un examen y que el «usted» así dicho por aquella boquita me tocaba los cojones, lo que a mí me apetecía era tutearnos y preguntarles por la familia. Se fueron satisfechos a su furgoneta y yo bajé tras ellos explicándoles que había crisis, que las empresas no tienen solvencia, que los salarios han bajado mucho…ya sabéis, en plan «vale, me pongo a cuatro patas pero no me la metáis de golpe, porfa»; pero nada…
Viéndome perdido tiré a la desesperada por el lado humano y les señalé que ellos llevaban una luz fundida (se miraron y se sonrieron como diciendo «este es gilipollas») o que llevaban objetos en el asiento del acompañante, que también es sancionable... ¡¡Todos somos humanos y nos equivocamos chicos!! No funcionó, me llamaron caballero y empezaron a darme papeles ¡Pensé que íbamos a jugar al mus!¡¡Cinco multas!!
Me quedé mudo, sin saber qué decir. Sorprendido por la facilidad con que estos tíos te meten 1000 ó 2000 euros sin pararse a pensar en que a lo mejor mi jefe o yo no disponemos de ese dinero. ¡Y luego se quejan porque les congelan un pequeño porcentaje de su sueldo…!
P.D: A veces voy al Media Mark de León, o sea que tonto, tonto no soy. Sé que en la viña del señor hay de todo. Conozco a muy buenas personas que sirven en la Guardia Civil, tíos con dos cojones que se juegan la vida en el País Vasco o donde haga falta, grandes profesionales a los que admiro y envidio e incluso presumo de que alguno es «Hermano» mío, esos no tienen nada que ver con los dos elementos con los que desgraciadamente me topé.
Francisco Alcalá. LEÓN