EL AULLIDO
Bembibre
Ahora que por aquí el frío ahuyenta a los exhibicionistas regresar, en un día en el que todo tiene que ver con tu boca, contigo a Bembibre a hablar con los estudiantes sobre literatura, sobre la vida, el esfuerzo; sobre que ser escritor es ser minero de uno mismo.... ¡Y sentir que se enlaguna el tiempo!
Sí, Bembibre que rima tan bien con volver, con amar, con renovar besos por las esquinas o frente a esa iglesia que fuera sinagoga, el placer fluido de hablar, la niebla laxa que hace que parezca un poco inglesa la ciudad. Y los muchachos y muchachas fogosos, avispados, que renuevan nuestro aprecio por la vida. Bembibre. Y regresar a todo aquello que nos llevó un día a amar la literatura entonces, cuando éramos estudiantes y estudiados… Gracias a Tomás Néstor, demiurgo de la poesía, y a esa novia del entusiasmo que es Ana Cristina Pastrana volver hoy a estas calles con la curiosidad de quien se busca y por eso te encuentra. Y renovarse. Y reparar en la luz de este invierno de increíble belleza… Hay lugares que soñarlos apenas difiere de visitarlos…. Sí, volver a ese verso labrado llamado Bembibre como se vuelve a los clásicos o a los primeros amores. Y es que es está una ciudad imantada en la que parece que se vive como se viviría dentro de un poema de Pilar Blanco.
Te miro pues aquí, en este momento único, y tu porte vuelve a tener en mis ojos el brillo de lo nuevo: el tiempo debe de haberse enamorado de ti, gitana guapa, y por eso también en Bembibre pareces un retrato inmortal de ti misma en medio de la niebla…. O será que hay poesía mágica en el Bierzo... La hay en el intimismo colectivo que llena las calles y en este olor que tiene aquí todo a tabaco negro y a asignatura antigua, a madera noble, pan caliente, a vapor de biblioteca y flexo encendido al fondo de cada corazón… Oh, Bembibre romántico, resaca de todo lo creado, Gil y Carrasco y su realismo paisajista leído en las piedras y las cosas, cuerpo presente, ojos como manos, sí, piropo renovado y renobable como un fulgor del cielo preguntándonos si en realidad un recuerdo es algo que tenemos o algo que hemos perdido.
Oh, Bembibre abierta, canción de Amancio Prada, oración de mi madre, título de nobleza, testamento de un ángel: vuelvo a ti y la poesía se me enciende ya mientras camino por tus calles de la mano de ella para desgastar así, amorosamente, nuestras huellas dactilares.
Tienen las Tardes de Autor de Bembibre algo de golpe de efecto y otro tanto de lágrima por la revolución que no pudo ser. Pero, sobre todo, tienen mucho de abrazo en el que cabe el mundo. Bembibre. Luz de cruce, salve celta a capela, ciudad que instruye el corazón colocada en nuestro recuerdo como una cruz en un mapa… ¡He vuelvo a ti que sabes celebrar y vibrar!