Diario de León
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León

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S e temen los lugareños de Las Médulas que el Estado, como pueda y se descuiden un pelo, les venda hasta los picuezos del Patrimonio de la Humanidad, esas caprichosas radiografías ocres de la codicia aurífera de los romanos y que se cotizan en la bolsa turístico-institucional en comparación con espacios como Atapuerca —por no salir de la comunidad— casi con el mismo diferencial que el de la prima de riesgo griega y la alemana.

Realizan ahora malabares metafóricos entre el hundimiento del Costa Concordia y el naufragio de media Europa. El capitán Escretino —¿o era Schettino?— es en el fondo como esos directores de banca que nos mostraban primorosa la costa de la Toscana con unos intereses soberbios al alcance de la mano, ocultándonos los farallones asesinos que acechaban a dos centímetros el casco de nuestra pasta . Sin embargo eso no es lo peor. Cumplían con su misión de engatusadores y el pasaje tampoco quería ver más que la línea preciosa que se dibujaba algo más allá de los acantilados. Lo peor, sobre todo cuando escucho a ese jubilado que se lamenta en la radio de que no puede mover en 10 años los ahorros de toda su vida en un bono de no sé que cojones —tal vez se los metan en un sobre cuando se vaya al «cuadrado»— es que hay muchos Escretinos sueltos. El director de toda la vida le explica ahora que si son los mercados o la administración con la misma cobardía idiota con la que el comandante del Concordia aduce que abandonó el barco «porque se cayó a un bote».

La metáfora de la isla de Giglio no es la del naufragio, que también, sino la de la supina cobardía que anega todos los ámbitos de la sociedad y amenaza como una imparable ruina montium con convertirnos en miserables picuezos. Como los que se adivinan en el Consejo del Bierzo donde las mentiras en torno a quién promovió el pacto de estabilidad resquebrajan al gobierno del PP. No. No se amenazó con poner cargos a disposición. Un significado consejero presentó de hecho su dimisión aunque no fue aceptada. Ya está bien de recurrir siempre a la estúpida excusa de que el Consejo Comarcal no funciona porque la Junta no quiere. Es cierto, pero no menos que los primeros enemigos de la institución son los aparatos de los grandes partidos que la han convertido en rehén de su codicia de poder. Que la hundan ya, pero que no digan que se cayeron por error en la lancha salvavidas.

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