FUEGO AMIGO
Románico milenario
Un paisaje fluvial ceñido entre sabinas y riscos rojizos guarda los vestigios del monasterio románico de San Pedro de Arlanza, que este mes de enero cumple los mil cien años de su fundación. Hace treinta, lo libró de desleírse bajo las aguas del embalse de Retuerta la campana de la naciente democracia. Entonces los cronistas oficiales y la cartografía institucional todavía celebraban con inusual despliegue de júbilo el proyectado encharcamiento. La regulación del Arlanza, trasladada aguas arriba, padece los retrasos de la crisis, mientras el conjunto monástico de su hoz ofrece un aspecto estupendo de ruina consolidada, ya sin sombras de duda sobre su conservación.
San Pedro de Arlanza ocupa un paraje fluvial precioso. Por la elocuencia de los vestigios y por la magia del entorno de riscos rubios, nogales y enebros que arropa los meandros de una ribera de trazo enrevesado. La visita al monasterio cuenta con las indicaciones de recorrido precisas, que ayudan a suplir los vacíos y a entender el monumento a pesar de las faltas. Es una delicia otear el entorno desde el mirador de su torre románica o subir a la terraza panorámica del claustro de los legos. Este recinto herreriano cobija un gigantesco pinsapo, que saca la cabeza por encima de su doble arcada. Abandonado el monasterio con la desamortización decimonónica, parte de sus piedras se emplearon en el lecho de la carretera vecina y en la canalización urbana del Arlanzón, a su paso por la ciudad de Burgos.
El Museo de Arte de Cataluña, el de los Claustros de Nueva York y el de la Universidad de Harvard conservan paneles y figuras de los murales románicos que decoraban la sala capitular y la capilla funeraria condal, puestos en el mercado por el arquitecto Gudiol y el museólogo Colominas. También viajaron a Covarrubias en 1841 los restos de Fernán González y señora, acomodados en sarcófagos romanos de Clunia, y a la catedral burgalesa, el sepulcro de Mudarra. La portada románica de su iglesia se trasladó al Arqueológico Nacional. Sólo la Virgen de las Batallas, una imagen portátil repujada en cobre de Limoges, se ha recobrado de aquella tolvanera. Adquirida por el Ministerio en una subasta de Nueva York en 1997, se exhibe en el Museo de Burgos.
A pesar de la rapiña, lo que queda en el solar monástico compensa con su fuerza evocadora el desgarro de las pérdidas. Aupada sobre un risco vecino, la ermita de San Pelayo o San Pedro el Viejo amplía la panorámica sobre el monasterio y la hoz del Arlanza. Es fácil llegar por los senderos abiertos en la espesura. Desde la carretera, el paseo no tiene pérdida. En su ruina se aprecia el ábside prerrománico, además de algunos vestigios góticos y barrocos. La arropa un bosquecillo de encinar y sabinas.