Diario de León

EL BAILE DEL AHORCADO

Rogelio y el archivo

Cristina Fanjul
León

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Que Lassalle haya nombrado a Rogelio Blanco asesor demuestra varias cosas, como que el ministerio se regirá por criterios de tolerancia y huirá del sectarismo, que buscará el talento y la experiencia antes que el carnet político y que se dedicará precisamente a eso, a velar por la cultura.

Nunca (creo) he escrito sobre el Archivo de la Guerra, así que ahora voy a aprovecharme de la portada de El Adelanto para resarcirme. Siempre estuve en contra del desguace, porque si nos ponemos a devolver acabaríamos con museos y bibliotecas y no es plan. Y no es plan tampoco recordar aquí todo lo que nos han expoliado a los leoneses —«en carretas lo sacaron», cuenta Viñayo cuando recuerda el desalojo de los legajos de San Isidoro— ya sea legalmente o por la puerta de atrás, que mira que robó Erik el belga. Pero claro, llegan los catalanes y todos nos cuadramos, que lo que está claro es que lo suyo es suyo y lo nuestro también. Suyo, claro. Que aquí todo es suyo, tan suyo que hasta Picasso lo es, aunque el sol de su infancia fuera casi el mismo que el de Machado, pero sí, Picasso era catalán, y nació cerquita, cerquita de Vilanova i la Geltrú. Y, claro, pidieron que les devolvieran sus legajos, que no se contentaban con una fotocopia compulsada, no, que querían lo suyo, para demostrar que ellos hablan de tú a tú al Estado y, poco a poco, llegamos al café para todos, como en las autonomías, y así hemos acabado, con el país hecho unos zorros y el Archivo de la Guerra sin papeles en catalán.

Pero Rogelio Blanco hizo mucho más por el Archivo que llevarse unos cuantos papeles: lo convirtió en el Centro Documental de la Memoria Histórica, dotándolo de miles de documentos e imágenes, como el legado publicitario de Agustí Centelles o el de Emilio Rosenstein, o los que nos cuentan el capítulo de los esclavos de Franco, o el archivo de Negrín, formado por la friolera de 153.673 fotogramas. Ahora cualquiera que quiera investigar sobre los protagonistas de la contienda tendrá que acudir a Salamanca. Lo demás es ruido, como diría Faulkner, una historia contada por un necio, llena de estruendo y furia, como diría Shakespeare. No voy a referir aquí quién ha hecho el papel de Benjy, pero está claro que al final de tanto escándalo vacío, después de tanto ado about nothing , lo que ha prevalecido es la cultura.

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