Diario de León

HISTORIASDEL REINO

Más vale cola de ratón...

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margarita torres
León

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Que cabeza de León, afirma el refrán. Antiquísimo, pues ya estaba de moda cuando Al-Andalus era moro y nuestros antepasados desenvainaban espada. Cabeza de León fuimos, y tan acostumbrados a repartir mandobles que olvidamos comerciar como los catalanes, aprovechar el tirón industrial como los vascos o atropar administración como Pucela. Y he aquí ese León convertido en cola de la cola del ratón.

Ya hemos superado los cinco millones de parados. Nuestra provincia mantiene 37.500 desempleados, una tasa que sólo supera, en cuanto a su desgarrador presente, Ávila. Si analizamos, según los datos de la Encuesta de Población Activa del INE, Castilla y León ha seguido la estela nacional en el crecimiento del desempleo, si bien todavía nos mantenemos muy por debajo de la media del país, pues esta autonomía, junto con Aragón y Murcia, ha sido una de las tres que han sabido guardar el tipo dentro del desastre y en medio de la crisis brutal a la que nos enfrentamos.

A base de leer noticias desagradables, uno se pregunta hasta cuándo hemos de esperar para que los gobiernos central y autonómico echen mano al asunto y se atrevan a afrontar un cáncer enraizado, como es el de las empresas que viven de las subvenciones regionales o nacionales y que, cuando éstas desaparecen, se llevan lo puesto hacia otros lares. Elmar y Pescapuerta, o tantas otras luces que se prendieron en León y cuya llama acabó llevando el fuego de su futuro hacia mejores barloventos.

Ahora, Ibán Hermanos desaparece, después de 80 años de singladura. Por estas mismas fechas, pero del año pasado, Renault recibía 4 millones en subvenciones mientras miles de autónomos echaban el cierre a sus empresas ante la falta de apoyo del gobierno, los bancos y las cajas. Y hace tres años, en el 2009, se planteaba el interrogante de cuánto había aportado a Castilla y León y cuánto recibido de ella la misma multinacional automovilística cuyo argumento de presión para defender su continuidad es la subvención. La respuesta, entonces, llegaba en forma de 225,2 millones de euros de Madrid y Valladolid, aproximadamente. O dicho de otra manera: 37.471 millones de pesetas. Casi la misma cantidad de trabajadores, 35.000 más o menos, que ha ocupado directa o indirectamente. Ya no hablamos de otras compañías de menor lustre.

La política de la subvención, tan enraizada en nuestro país, acaba enriqueciendo a los poderosos y adelgazando los bolsillos de trabajadores y autónomos, a los que nunca llega el dinero que contribuiría a afianzar población, a renovar la economía de una tierra, como la nuestra, que ya ni siquiera es cola de ratón. Entretanto, el caso de Ibán Hermanos o Elmar no serán los últimos, ya lo verán. Por desgracia.

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