LA LIEBRE
Aburrimiento
Se ha metido el frío en el tuétano de las conversaciones para acabar con este aburrimiento que amenazaba con matarnos por inanición. Ahora, se espera a la nieve como al sol en Copacabana por Carnaval, con ansia, en una temporada que se burla en blanco, jaspeada por los copos que se limitan a pequeñas escaramuzas en los cáscaros y el fogueo de los cañones de las estaciones de esquí. El mercurio en fase azul, con los soplidos siberianos a la vuelta de cada esquina, ha hecho charla en el erial de una tierra en la que no hay nada que contar para mañana. Hablar hace compañía, como mirar por la ventana o contar coches. Un placebo entre tantas noticias para la crisis, entre tanto indicador para la depresión, entre tanto invierno para una sola estación.
Que me quede como estoy es el ensalmo cotidiano al que agarrarse, a fuerza de que cada día crezca un poco más la cola del paro que ya es legión. Van 42.369 personas sin empleo en esta provincia. Y los que se han ido para no verlo.
Para salvarnos de este bucle que empezó en el 2008 y que no tiene intención de parar hasta que depure el estado del bienestar, hasta que la selección natural del capitalismo afiance el poder de los más ricos y compacte hacia abajo al estrato medio de los ciudadanos, lo único que se nos presenta asequible es la cháchara desordenada del ascensor y la barra del bar sobre este clima nuestro que «sólo es bueno para los caballos y los canónigos», como repetía González de Lama.
Mientras, por debajo de las conversaciones se larva una situación en la que abunda la supervivencia. Robos a discreción en las horneras en las que descansa la matanza embutida con mimo por las familias; cable de cobre que desaparece del alumbrado público; navajas que prenden en las aceras para pelear la calderilla de un día entero de fatiga en un comercio. Delitos que dan espacio incluso para llevarse el cuerno de un rinoceronte del museo de la fauna salvaje, cuya raspadura dicen que tiene efectos afrodisíacos, que hay mucha disfunción eréctil suelta. Resulta difícil encontrar una noticia para la esperanza. Aunque sí que las hay.
El otro día, en la sección de caza, un titular invitaba al optimismo. «Abundancia de palomas y conejos». Mi amigo Raulín, que no quiso leer más sobre ese asunto, lleva dos semanas sin dormir en casa.