Diario de León
Publicado por
jose a. balboa
León

Creado:

Actualizado:

Aquién le importan las trifulcas del PSOE en su congreso de Sevilla, donde nadie hace la menor autocrítica y todos aplauden a un Zapatero que condujo a este país a la ruina. A mi no, a mi me importa un bledo Chacón y Rubalcaba, porque uno y otro representan el pasado y las políticas que nos han conducido a los cinco millones y medio de parados que soportamos. No me interesa ni el congreso ni los socialistas. Me acongoja el problema del paro y sus consecuencias dramáticas. Mi hija mayor —dos licenciaturas y un doctorado por las universidades Complutense y Sussex— se fue de España la pasada semana en busca de las oportunidades que aquí no encuentra. El funcionario que, en Madrid, compulsaba sus títulos y documentos expresó con elocuencia la pesadumbre y desazón que muchos sentimos: ¡Pobre España, educamos a la mejor generación de nuestra historia y otros se van a beneficiar de ella!

Según la última Encuesta de Población Activa (EPA) hay en España más de un millón y medio de universitarios en paro, muchos de los cuales emigran al no encontrar aquí la menor perspectiva de futuro: no hay trabajo ni oportunidades de encontrarlo: el Estado, con un déficit insoportable, congela las oposiciones y la empresa privada, sin financiación ni recursos, no los necesita. ¡Qué invente ellos! El grito unamuniano vuelve a estar de moda después del espejismo de una España marchosa, que no era sino la España bullanguera del ladrillo y la corrupción. Esa España sólo nos ha dejado deudas y un drama social, que cualquier día estallará como si fuéramos un país del norte de África; pues ese continente, como pensaba la progresía francesa en el siglo XIX, vuelve a empezar en los Pirineos. Algunas ciudades españolas, con sus zocos y mezquitas, cada día se parecen más a las medinas magrebíes.

Desde que comenzó la crisis han emigrado 307.900 españoles muy cualificados, la mayoría universitarios. El drama de la emigración regresa como maldición atávica a esta madrastra e ingrata tierra nuestra. Pero ahora, los que se van no son las pobres gentes semianalfabetas de otros tiempos; son los jóvenes en los que hemos gastado miles de euros en formación, aunque serán otros quienes la aprovechen. Las posibilidades de una España moderna, sin embargo, no son un espejismo. Las dificultades son consecuencia de las políticas que se han practicado en estos años. No hay una España miserable por naturaleza, sino un saqueo inmisericorde de sus riquezas. En él, hay que recordárselo a Botín, que retóricamente se lo preguntaba el otro día, banqueros y políticos están en el mismo bando. Lo que no aguanta una España moderna es una estructura territorial dividida en reinos de taifas o en señoríos feudales, como buscan los congresistas de uno y otro signo.

tracking