AL TRASLUZ
Hecatombe en rojo
Vale, la labor de un sindicalista no es promover confianza en la salud del capitalismo, pero tampoco debería serlo mandarnos el ánimo a la uci. El responsable provincial de Comisiones Obreras, Ignacio Fernández, ha augurado en el programa El Filandón que: «2012 será el año de la hecatombe». Y luego llamamos agoreros a los mayas. Hecatombe, palabra griega, viene a significar, hablando en plata, que aquí no va a quedar un bolsillo vivo, salvo el de los ricos de siempre y el de ciertas castas. En la antigüedad micénica que cantó Homero, consistía en sacrificar cien bueyes para que los dioses ayudasen en la batalla o soplaran con fuerza las velas de las naves. Luego, el Olimpo hacía lo que quería. Los aqueos antes de cada ataque contra Troya se marcaban unas hecatombes en la playa, con una bella doncella como especia, sazonada con trocitos de esclavo. Fernández es profesor de Lengua y Literatura, sabe que las raíces culturales de Europa brotaron de la mirada de un aedo ciego. Por tanto, se lo advertimos a los de Ciencias, la palabreja está relacionada con la sangría, pero no precisamente con la que se toma en verano. No obstante, aunque la economía leonesa tiene visos de navegar hacia el Averno, los leoneses agradeceríamos que entre susto y susto, alguien nos diera una buena noticia, aunque fuese por piedad. Saber que llega la hecatombe, aunque sea metafórica, te quita las ganas de todo, o de casi, tampoco hay que ponerse tan ascéticos.
«El futuro de la provincia ya es presente, ya ha llegado», profetizó desde su oráculo. Y añadiría: «Este es el futuro que nos deja esta sociedad de tecnócratas capitalistas que nos están gobernando y sólo saldremos de ésta en la medida que seamos conscientes que se está ventilando una nueva era». Razón no le falta, aunque sobrecoja. Hay mucho que cambiar, también en los sindicatos. Es muy difícil contar la verdad y a la vez transmitir esperanza, esa es la paradoja en la que políticos, sindicalistas, periodistas y demás creadores de opinión nos hallamos.
Y sí, quizá lo de «hecatombe» suene demasiado rotundo. Dejémoslo en apocalipsis, que, al menos, lleva banda sonora de Wagner. En el 2012, si me conceden un Nobel ni me molesto en ir a recogerlo. Total…