editorial
El radicalismo no es constructivo
Las palabras pronunciadas ayer por el secretario provincial de Comisiones Obreras, Ignacio Fernández, suponen una falta de respeto hacia quienes no se merecen un ataque de este calibre. No es de recibo en ningún caso una afirmación como ésta: «Los traficantes de esclavos eran gente más digna que los empresarios de la Fele». A Fernández probablemente le pueda asistir la razón en sus críticas hacia la patronal leonesa o hacia la reforma laboral pero hay unos límites que no se pueden sobrepasar. Como máximo responsable del sindicato cumple con su papel al intentar movilizar a la ciudadanía para que se sumen a las protestas contra el Gobierno de Mariano Rajoy, pero no todo es lícito cuando se busca crear tensión y calentar las cosas.
En una sociedad democrática existen unos límites marcados por la responsabilidad que cada uno debe aplicar en el lugar que ocupa y si se sobrepasan el crédito personal se dilapida totalmente porque el respeto siempre es necesario y exigible a todos y más a quienes ocupan un puesto público.
Ignacio Fernández ha faltado gravemente al respeto a quienes es esfuerzan para conseguir crear empleo y riqueza en la provincia de León, aunque en ocasiones también puedan ser merecedores de críticas. Y a Fernández la pregunta inmediata parece evidente porque habría que plantearle cuántos puestos de trabajo ha conseguido crear hasta el momento él con su actividad.
La grave crisis económica que sufre España exige un esfuerzo de todos y especialmente si se tiene en cuenta que hay muchas personas, muchas familias que lo están pasando realmente mal. Con declaraciones altisonantes quizás se consiga incrementar el número de personas que salgan mañana a la manifestación contra la reforma laboral, pero no hay que olvidar que ese radicalismo no sirve para construir nada.