Diario de León
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Los grandes proyectos de infraestructuras poseen la virtud de transformar en El Dorado los espacios urbanos que conquistan. Ocurre con el AVE como ejemplo prototípico en todas las ciudades a las que llega. En Ponferrada, a falta de alta velocidad, el proyecto emblemático llamado a generar esa metamorfosis positiva es la Ciudad de la Energía. Así se propuso en el marco de las sedes museísticas de la vieja térmica de la MSP y de Compostilla I. Así quedó recogido en un convenio del que se desgajaron acciones como la encaminada a revalorizar la franja entre el puente del Centenario, el Sil y los campos de fútbol. De modo que a cambio de la urbanización y dotación de suelo para aparcamientos frente a la central de la MSP se convirtiera el ominoso recinto deportivo sobrante en un complejo propio, como poco, de estos tiempos. Sin embargo, después de tres años de promesas y de garabatos documentales inocuos, el convenio para los campos sigue sin materializarse, con una inversión aproximada de 3,5 millones de euros en el alero.

La Ciuden se ha jactado desde su origen de operar como dinamizador socieconómico de toda la comarca. Sus acciones en cientos ámbitos rurales, en el plano turístico y otros aledaños, son bien conocidas. Políticamente resulta opinable esa dispersión de la acaudalada entidad. Lo que es insultante es que la fundación alardee propagandísticamente de la Mirada Circular que supuestamente recorre toda el Bierzo entre senderos. Como si cuatro esnobs del gore-tex fueran más importantes que los miles de niños y cientos de familias que peregrinan por los campos de fútbol ponferradinos para hacinarse como ciudadanos de cuarta todos los fines de semana del año. E irrita si cabe más que la fundación venda a los cuatro vientos la magnífica restauración medioambiental de la escombrera de Tremor, ajena e ignorante de la ubicación de su propio museo.

Alguien, sino es capaz el señor alcalde, debería explicarle al director de la Ciuden o a su sucesor, que lo que divisa desde la ventana de su despacho entre Ene.térmica y el puente del Centenario, antes que campos de fútbol, fue una cordillera de fósiles de helechos y saurios del Carbonífero, entre cuyas vaguadas volaban las bicis de la chavalada imaginando que sus ruedas eran alas. El nombre común de aquella montaña mágica infantil no era otro que La escombrera.

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