editorial
Las guerras del agua
La insólita imagen que ofrecen nuestros embalses, con niveles de reserva tan impropios a estas alturas de la temporada como preocupantes, y los datos conocidos al cierre de la semana en relación con la circunstancia especialísima de que el mes de febrero que acabamos de despedir —el invierno en general— ha sido el más seco de los últimos sesenta años han encendido las alarmas —y algunos fuegos de más— en el campo leonés, sobrecalentado por los clamores de algunos líderes sindicales. La recurrente reivindicación de que no salga de la provincia una gota del agua embalsada en Riaño mientras sea necesaria aquí aireada por Payuelos fue enseguida secundada por los regantes del Páramo y lógicamente contestada desde el Carrión.
Entendida y asumida como propia por todos la lógica preocupación del campo leonés y obviando ciertas actitudes que tienen más de demagogia que de razón deberían esos líderes de las organizaciones agrarias dirigir hacia otro lado su beligerancia verbal. Por ejemplo exigiendo a CHD soluciones para el Canal Bajo de Payuelos, una obra cuya última fase fue adjudicada en septiembre del 2010 por 80 millones de euros y en la actualidad se encuentra parada. O mejor, entendiendo que no son tiempos propicios para acometer o dar continuidad a grandes obras, recordar al propio José Valín, ahora al frente de CHD, una respuesta sobre la situación de los regadíos de Valderas
—mil hectáreas—, que él mismo programó cuando era consejero de Agricultura y Ganadería e hizo rectificar un plan en cuyo proyecto se gastaron decenas de miles de euros. O más sencillo todavía: reclamar una solución al desencuentro entre la propia CHD y la Junta que impide el llenado y uso del embalse de Villagatón, esencial para la comarca de Astorga, que lleva décadas construido y fuera de uso. No es una cuestión de dinero, sino de razón. Del uso de la razón, vamos.