Diario de León
Eduardo Aguirre
León

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Me entero por José Luis Suárez Roca que este jueves Mafalda cumple cincuenta años. Felicidades. Cuando llegué a León en 1985, muchas personas me preguntaban «¿sabes a quién me recuerdas?», y les sorprendía adivinándolo sin necesidad de que ellos me lo desvelasen: «Sí, a Felipe, el de Mafalda». Me parecía mucho, por fuera y por dentro. Ahora, según mi mujer, tiro más hacia Manolón, pero sólo en lo físico, sin su buen ojo para el negocio y la ingeniería financiera. A éste un ayuntamiento le deja pendiente una factura y arde Troya. Por cierto, en nuestra tierra, ¿en que estaría invirtiendo hoy un genio del espíritu práctico de Manolón? Posiblemente, se habría hecho de oro con el picadillo y la morcilla, pues en el sector de las energías renovables como que no lo veo, ni el de la gestión cultural, dicho sea sin ánimo de ofenderle.

Qué extraños tiempos vivimos. Con la crisis, Carpanta vuelve a dormir debajo del puente del Bernesga, al lado de pellejero Genarín. Quino dio a luz a su pequeña rebelde un 15 de marzo de 1962. Escobar creó a su «pobre de solemnidad» en 1947, cuando España estaba herida de sí misma, y gran parte de los españoles eran párrafos vivos de La familia de Pascual Duarte . Cada día, delante del espejo, un adulto se pregunta qué haría su padre en las circunstancias a las que él ahora se enfrenta. Dichoso aquel que puede preguntárselo personalmente. Los tebeos eran otros, pero la verdad es siempre la misma.

En León, en su día, Mafalda se hubiese encadenado contra el pantano de Riaño. Y habría caminado con los mineros en sus largas marchas. Y te habría pedido la firma para salvar al oso pardo o al urogallo. Pero su hija, hoy en la adolescencia ¿habrá heredado su idealismo contestatario o lo suyo es matar zombis en la play o suspirar por las marcas? No podemos saberlo con exactitud, sólo barruntarlo, pues sólo se trata de un mundo de papel, pero tan real que forma parte de nuestra biografía. Lo que podemos dar por seguro es que el hijo de Manolón la escribe poemas de amor y la ronda con un laúd. Puro karma. Sí, los tebeos pueden ser hoy otros, pero la verdad es siempre la misma. Ese puñado de verdades de siempre, que desde que el mundo es mundo nos guían en la oscuridad.

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