LA VELETA
Voto o pancarta
Un voto vale más que una pancarta. Unas elecciones valen más que una manifestación y que una huelga general... o dos. Cándido Méndez dijo que la reforma Laboral era un «golpe de estado» después de que la votaran los representantes elegidos por el pueblo, por abrumadora mayoría, en el parlamento. Cándido Méndez, seguro, votó el 20-N, y también Toxo, y los cien mil liberados y asalariados sindicales y la inmensa mayoría de los manifestantes del domingo. Y sus votos se contaron. Lo que sucedió es que perdieron.
Los sindicatos tienen todo el derecho a manifestarse y a convocar huelgas. Y los ciudadanos a acudir a ellas o ir a trabajar. Que eso es también algo que no parecen comprender y que pretenden imponer: hacernos huelguistas a la fuerza. Las centrales sindicales, convertidas en gigantescas maquinarias burocráticas, subvencionadas con dinero publico de nuestros impuestos, se han lanzado a la yugular del nuevo Gobierno. Pero ese Gobierno tiene detrás toda la legitimidad para actuar. Es más, tiene la obligación de hacerlo tras haberse encontrado el país en la dramática situación actual: en recesión y con mas de cinco millones de parados. Algo de lo que, por cierto, los sindicatos, que no los trabajadores, son corresponsables y este Méndez agitador de ahora era quien ayer visitaba la Moncloa como si fuera un vicepresidente del Gobierno más. La huelga de opereta al compañero Zapatero la hicieron al final como si se la hicieran a todos menos a él y a su gobierno. De hecho, uno de los huelguistas acabo de efímero ministro para retomar de inmediato la pancarta tras el varapalo de las urnas.
Los sindicatos dicen que representan a los trabajadores. Eso será cierto en las fabricas o en los lugares de trabajo, pero a los trabajadores como a todos, política y constitucionalmente, los representan aquellos que han sido elegidos en las urnas.
El PSOE, derrotado en las urnas, derrotado en el Parlamento, quiere de nuevo votar en la calle. Puede ser también un mal paso, como el sindical, pues la memoria de la sociedad aunque frágil no lo es tanto como para no recordar quiénes son y dónde estaban tan solo con mirar un paso atrás. Méndez y Rubalcaba gozan en este sentido de muy escasa credibilidad.
El Gobierno tiene la legitimidad y la fuerza suficiente como para seguir adelante intentado reparar este motor gripado que es España y al que precisamente han llevado a quedarse sin aceite, sin gasolina estos sindicatos que ahora, y en eso tienen razón, luchan más que nada por ellos mismos. Por seguir mandando en cosas que tal vez no tienen por qué mandar. Y por percibir, a cuento de qué, unos dineros públicos que no tienen por qué percibir. Unos dineros de los que no se da cuenta alguna. Algún día habrá que saber cómo y en qué se emplea ese dinero sindical. Porque si es publico, y lo es en su mayoría, y no de sus afiliados y socios, los paganos tenemos derecho a saber.