Diario de León
Publicado por
MIGUEL Á. VARELA
León

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Esta tarde, la Fundación Prada a Tope entregará su octava Castaña de Oro en el Palacio de Canedo. Recibirá el galardón el periodista ponferradino José Antonio Álvarez Gundín, subdirector de Opinión del diario La Razón y colaborador de esta casa desde hace unas pocas semanas. Y hablará, claro, José Luis Prada, a quien incluso cuando hace florituras con el verbo se le entiende todo.

En este mismo acto, el año pasado, frente a los responsables de las bodegas del Consejo Regulador y ante un enorme despliegue de autoridades de todo pelaje, vino a decir que estaba hasta ahí de discursos grandilocuentes sobre la belleza y los recursos naturales del Bierzo. «Tenemos la comarca hecha una mierda», resumió Prada con más razón que un santo. Y se quedó tan ancho.

A uno le cae bien Prada por esas cosas, tan alejadas del melifluo lenguaje con el que acostumbran a regalarnos los oídos, sembrando esperanzas falsas basadas en promesas sin ningún fundamento. Con el príncipe de Canedo no hay posibilidad de equívoco. En su última aventura política, la misma noche en que perdió la mayoría absoluta en el Ayuntamiento de Cacabelos, en sus primeras declaraciones dejó claro que no aspiraba a formar el gobierno de pacto que los resultados y la práctica política le permitían: «el mensaje que me han dado los ciudadanos es muy claro y yo hoy mismo lo dejo». Asombrosa decisión en un panorama en el que lo importante es mantenerse en el poder caiga quien caiga.

Gundín contaba el otro día en este diario que, en una cena con periodistas bercianos en la capital del Reino, el popular empresario hizo una intervención demoledora sobre nuestra tierra, incidiendo en la urgente necesidad de una población que la respete, la entienda y la explote con criterio no especulativo. «El Bierzo se muere», les dijo Prada a los periodistas bercianos del exilio madrileño.

Creo que fue Orwell el que señaló que «mirar lo que se tiene delante de los ojos requiere un constante esfuerzo». Las contundentes opiniones de Prada son el fruto de la reflexión de una persona que desde hace muchos años ha hecho el esfuerzo de mirar lo que tiene delante. Y ha logrado entender cuál es la auténtica riqueza de esta tierra, hermosa y pródiga, sí, pero también castigada por la incuria ignorante, la avaricia expoliadora y la desidia perezosa.

La iniciativa empresarial de Prada no ha sido intuición afortunada sino capacidad para aprender de lo que se tiene delante, conociendo la tradición pero superándola mediante el esfuerzo, el riesgo y la innovación. Prada ha sido generoso y fiel con la tierra. La ha usado con la inteligencia del que sabe que no será el último en hacerlo. La tierra le ha devuelto el favor. Y a él, al contarlo, se le entiende todo.

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