Diario de León
Publicado por
MARGARITA TORRES
León

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Hace dos décadas, el 8 de junio de 1992, nacía en la capital, con las bendiciones del obispo don Antonio Villaplana, la Cofradía del Santo Cristo de la Bienaventuranza. Una hermandad cuya vida ha caminado al pie de la parroquia de San Claudio, heredera simbólica del más antiguo monasterio de la urbe, fundado sobre las reliquias benditas de los mártires legionarios Claudio, Lupercio y Victorico, condenados a muerte por profesar la religión de Cristo en tiempos del emperador Diocleciano.

Su emblema, en recuerdo de los santos, es la Cruz acompañada de dos lámparas. Por colores, el azul del rico tejido musulmán del siglo X que, según la tradición, perteneció al ajuar militar del propio Almanzor y que se custodiaba en el viejo cenobio hoy desaparecido, parte del cual todavía puede admirarse en el Museo de San Isidoro. Si los símbolos recuerdan la huella de nuestra historia, la vida de la cofradía se entrelaza con su propio nombre: de la Bienaventuranza. Un mensaje espiritual y de fe que deja su huella en aquellos primeros pasos fraternos del año 1992, en aquella procesión de Semana Santa de 1993 en la que se rindió tributo al Santo Cristo de la parroquia de San Claudio. El Cristo Moreno, como le conocen popularmente los hermanos, que no se concibió para procesionar, sino para recibir la devoción, por lo que hubo de realizarse, en el 2004, una copia del mismo. Imagen que, año tras año, recorre nuestras calles formando parte de la memoria de todos los leoneses y de los miles de visitantes que llenan la ciudad para admirar nuestra Semana Santa.

Unos días claves en un León que cada vez vive más del turismo, la administración y la Universidad. Jornadas de exaltación de la Fe que mueven auténticas montañas de devoción, de voluntad y de esfuerzo para portar el nombre de la ciudad dentro y fuera de las fronteras del país.

Cada cofradía puede lucir las mejores galas, ya de una historia de siglos que puede retrotraerse hasta tiempos de los Austrias, o merced al buen hacer, a la perfección, a la firmeza, austeridad y compromiso del día a día de hombres y mujeres capaces de levantar a pulso el peso del pasado y del presente. Un ejemplo para todos nosotros. Por eso cada homenaje, cada gesto, cada acto, es importante.

Recientemente se ha inaugurado una exposición fotográfica que recoge las dos décadas de vida de la Cofradía del Santo Cristo de la Bienaventuranza. Auténticas obras de arte en sí mismas, pues nacen del talento de algunos hermanos que bien podrían exhibirlas en museos especializados. Ochenta muestras de momentos duros, felices, hermosos, de gestos, de luz, de colorido, de Pasión. Recorrer esos veinte años a través de ellas es una delicia de la que podemos disfrutar hasta el próximo Domingo de Resurrección. No dejen de visitarla. Merece la pena.

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