Diario de León
Cristina Fanjul
León

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Nos ha tocado administrar la miseria». La primera vez que oí la frase me pareció buena, la segunda ya me chirrió un poco y esta vez... en fin, que tendría razón Emilio Gutiérrez si no fuera porque él o, lo que es lo mismo, su partido, es testaferro del malgobierno que ha llevado a esta herencia envenenada. Entre todos la mataron y ella sola se murió. Pactos, conciliábulos, silencios descarados ante la obscenidad, pero es que, ya saben, «lo que hoy es mío mañana será tuyo, no te olvides», y así estamos, en quiebra. Y lo peor es que este recorte, que algunos ya han calificado de «histórico», no es más que un paño tibio que no resolverá nada, como tratar de curar un cáncer con aspirinas aunque, si nos ponemos en plan Vallejo, habría que decir que el cadáver sigue y seguirá muriendo. Lo mismo podría decirse de San Andrés o de Villaquilambre, o de Sariegos, o de... ¿Qué pintan todos estos ayuntamientos? ¿Qué función tienen? Hace tiempo que deberían haberse integrado en el de León. En San Andrés dan a elegir a los trabajadores. O despidos o una reducción del 40% de los salarios. Pero es que se da el caso de que un técnico de pueblo puede rondar los 50.000 euros anuales, así sin más, y hay ayuntamientos con tres arquitectos municipales —sin que sepamos muy bien que ordenación urbana gestionan— y con arqueólogos sin yacimientos que dragar, y con gastos pantagruélicos en hoteles y restoranes, y aún no nos han dicho qué empresas públicas van a desaparecer mientras nos suben los impuestos y la factura de la luz, nos quitan la unidad de cirugía pediátrica, cierran plantas en el Hospital —mientras mantienen a los enfermos hacinados—, nos racionan los antibióticos, la calefacción en los colegios y, a este paso, el calendario de vacunación.

El lunes llegaba a León un sarcófago egipcio de 2.700 años. Dicen en el Museo Bíblico Oriental que no se sabe exactamente quién fue su morador, aunque creen que se trató de un alto funcionario. Me pregunto qué vestigios de León se expondrán en los museos dentro de tres mil años. Podrían ser los vagones de trenes que nunca circularán, las catenarias que no se instalarán o las autovías virtuales por las que no circularemos. La anécdota poética es que puede que parte de los tranvías que merced a Marcelino Oreja nos han quitado se irán a Arequipa, la ciudad del natalicio de Mario Vargas Llosa. Miseria y realismo mágico.

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