Diario de León
Publicado por
FELIPE RAMOS
León

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Uno pensaba que en política ya lo había visto todo, pero está claro que lo bueno que tienen estos políticos es que con ellos nunca se acaban las sorpresas. Ellos están por encima del bien y del mal. En plena época de recortes, con una crisis que ahoga a las familias leonesas, sobre todo a esos más de 40.000 parados que ven cómo, un día sí y otro también, les dan con la puerta en las narices cuando de pedir un empleo se trata, llega Javier Amoedo y le da un sueldo público a su alumno Joaquín Otero.

¿Los méritos? Ninguno. Bueno, pues será por necesidad. Tampoco. El Procurador del Común, esa institución que hasta ahora no se sabía muy bien para qué existía, no precisa más trabajadores ni Otero necesita un sueldo público, porque tiene su despacho profesional como abogado. Que trabaje.

La contratación del ex procurador leonesista como asesor jurídico del Común es una desvergüenza, que ofende a los ciudadanos y que carga de razón a aquellos que defienden la supresión de instituciones de este tipo, porque no sirven más que para colocar a gente de partido descolocada o para dar salida a los amiguetes o aquellos que en sus últimos años se han portado bien con el poder establecido, como es el caso.

Pero, además, es una ignominia, de la que será cómplice la propia Junta de Castilla y León, con su presidente a la cabeza. Entre otras cosas, porque pone en jaque el compromiso que Herrera adquirió en sede parlamentaria, cuando en su discurso de investidura anunció un “drástico” recorte en cargos públicos. Y aquí no vale decir que Amoedo tiene capacidad y autonomía para tomar estas decisiones, porque el magistrado, ahora metido a dedo en la política, juega con dinero público, ese que sale directamente del bolsillo del ciudadano, al que sangran cada día más con impuestos.

Aún más, esta desfachatez deja bien a las claras para qué sirve este engredo de Comunidad que un fatídico día se inventó un paramés, de Santa María para más señas. Para nada. Bueno sí, para hundir aún más a León y como agencia de colocación y amontonamiento de cargos pagados con el dinero de todos.

Otero, al más puro estilo Alfredo Landa en Las Autonosuyas , ya tiene su territorio y podrá seguir jurando su cargo como lo hacía en las Cortes. Sólo tiene que eliminar León, porque ahora ya ha conseguido lo que buscaba: la autonosuya.

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