Diario de León
Álvaro Caballero
León

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San Joaquín Bueno, mártir se tiró casi dos décadas con el apostolado del leonesismo a las espaldas pero, a diferencia del cura de Unamuno, que mantuvo su fingida creencia en Dios para que no la perdieran sus parroquianos, apostató de su fe en la autonomía al final del camino.

Poco antes del umbral de salida del Parlamento autonómico, donde ingresaba cerca de 100.000 euros anuales por haber convencido a los votantes de que luchaba por la separación de Castilla. Entonces, testó políticamente con la sentencia de que «León solo es imposible» y se sumó al «leonesismo útil» con el argumento de que «el tiempo te va haciendo más pragmático en la vida». Ni tanto, a la vista de los 60.000 euros al año que va a cobrar por entrar en la nómina de asesores del Procurador del Común, Javier Amoedo, a quien la Junta le ha puesto este precio por su prejubilación dorada. Eso es evolucionar y no lo que hace Javier Clemente.

Lo normal cuando uno se ha puesto un casco en la cabeza en las Cortes, ha destrozado una barrera del peaje de la León-Astorga o ha inaugurado la Catedral es terminar en la asesoría del Procurador del Común.

Una institución que se creó para decirle a las administraciones lo que hacen mal, pero sin obligarlas a nada, un poco al estilo de los anuncios de las cajetillas de tabaco. El lugar ideal para alguien que en los últimos 16 años ha entendido que trabajar significa leer los periódicos, copiar iniciativas de otros partidos de comunidades vecinas y presentarlas una vez al mes en Valladolid para cumplir el expediente. Todo aderezado con ese tono meloso que le quedó como deje de los tiempos en los que, la noche de los viernes, presentaba «Susurros y pellizcos» en Radio León.

Ese masajeo de vanidades adolescentes le ha servido en los dos últimos años para acercarse a los mandatarios de la Junta, quienes atisbaron la oportunidad para dinamitar el leonesismo desde dentro.

Aceros afilados a sus antiguos compañeros y disparos de fuego amigo para Castilla que eran recompensados con pequeños gestos sin trascendencia y la promesa de que habría algo para él. Roma no paga traidores, pero Valladolid no fue ciudad hasta la Edad Media y tampoco es cosa de andarse con remilgos. Un político resulta útil siempre que es político. Y eso lo pagamos todos.

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