LEÓN EN VERSO
La fiesta
Podíamos escudriñar en la calle, si se tomara en cuenta algo de lo que opina el contribuyente, qué prefiere la gente sobre esa idea de pulverizar instituciones y así engordar la idea de ahorro. Sería bueno saber cómo se adelgazaría más la máquina de la burocracia con la que penamos a diario, para tramitar y para pagar, con duplicidad de competencias, y oficinas en dos calles y en tres sedes. Cómo podríamos dejar de gastar más, si con la soga a las diputaciones o con un tijeretazo al estado de las autonomías, que tan poco éxito ha tenido en León, donde los estudios demoscópicos y la maquinaria propagandística de Valladolid no son capaces de encontrar otra opinión amable que no sea la de los agraciados que pueden servir al sistema y cobrar por ello.
El pulso se aviva porque el estado de las autonomías se antoja demasiado gordo para soportar la que cae cada día ahora que las instituciones al albergue de las administraciones regionales disfrutan del mismo índice de popularidad que el de los cazadores de elefantes. En León esa sensación no viene del florecimiento de las dificultades económicas. Si estaba en vigor cuando la época de las vacas gordas, qué puede ser ahora, cuando se amontonen los recortes en gasto farmacéutico y propaganda en la misma mesa de la Junta. Habrá que preguntar a la gente si es justo trasladar con cartelones metálicos de letronas gordas y escudos de almenas y leones el punto geográfico que se pisa, y que la misma institución que promueve la señalización vertical también patrocine la información meteorológica mientras cae la estaca del recorte sobre conceptos que hasta ahora se llamaban esenciales para la cohesión y el estado del bienestar. Vamos a ver en los próximos meses cómo se encaja en nueve territorios distintos la imagen homogénea que se ha vendido a base de cheque y gasto en los presupuestos generales ahora que escasea hasta la calderilla; a ver si no crecen como hongos los sentimientos de discriminación en políticas económicas cuando haya que repartir la única hogaza de pan que queda entre nueve hijastros; a ver si vuelven a poner en el hilo musical aquello de las nueve provincias y una comunidad que cargaba de contenido los informativos de mediodía entre noticia y noticia. Parece que la crisis ha venido a destapar una realidad que no fue capaz de lavar un cuarto de siglo de Villalar, con pañuelos morados al cuello.