FUEGO AMIGO
Banderas de abril
Hace cuarenta años, Luis López Álvarez, poeta berciano ausente de España, logró trenzar en un romance la aventura épica de los comuneros. Su padrino entonces fue el Nobel Vicente Aleixandre. Aquellos versos rotundos y sonoros, pegadizos en su bordoneo cadencioso, traspasaron el cerco de papel de la poesía para convertirse en himno colectivo, capaz de agitar las banderas de abril, a través de las voces de Nuevo Mester de Juglaría, que este lunes vuelven a cantar en la campa comunera. La década de los setenta fue especialmente accidentada en las eras de Villalar. Hubo carreras, prohibiciones, apoyos inesperados, comparecencias fugaces y cicatrices cargadas de futuro.
En 1986, una ley de las Cortes de Castilla y León convirtió la conmemoración de Villalar en fiesta oficial de la Comunidad. Un año más tarde, la muerte por apuñalamiento de un chaval sirvió para que, a partir de 1988, las autoridades autonómicas declinaran su asistencia a la campa, primero mediante el truco de la celebración itinerante y luego, concluido el novenario, por puro desdén. Ahora se cumple el cuarto de siglo de aquella deserción, un hecho insólito en el variado repertorio de las celebraciones oficiales. En ese tiempo, para justificar el plantón, se recurrió a una supuesta falta de tradición, olvidando que hace ciento veintitrés años un grupo de ilustrados levantó en la plaza de aquel pueblo un austero monumento al coraje de los comuneros. Herrera terminó con la anomalía hace diez años, recuperando la normalidad de volver a Villalar. Lo que no está tan claro es que esta vez pueda repetirse la convocatoria a través del manifiesto conjunto de las fuerzas políticas y sociales.
Las banderas de cada 23 de abril en Villalar agitan la memoria de quinientos años. La liturgia de la campa es más reciente, pero ya se acerca a la cuarentena. Esa fiesta tiene un himno civil, que es el romance Los comuneros, escrito por el leonés Luis López Álvarez. Y en sus tiempos conflictivos, tuvo además una canción, Banderas de abril, del también leonés Miguel Escanciano.
¿Qué se dilucidó en Villalar para que siga siendo una cita de guardar, tanto en las adhesiones como en las suspicacias, medio milenio después? Los comuneros se oponían a que el emperador sacrificara el bienestar de estos reinos gastando sus rentas en otros lugares y le reprocharon que llevara los dineros de aquí en provecho de Alemania, Aragón o Nápoles, anteponiendo sus intereses personales y dinásticos a los del común.
Para evitar el despojo, los comuneros exigieron participar en el gobierno a través de una Junta. De este modo, «sería nuestra república una de las más dichosas y bien gobernadas del mundo». Han pasado casi quinientos años pero aquella llama sigue viva.