LA LIEBRE
Foto de familia
La enésima conjura de los necios contra Isabel Carrasco se esconde en la segunda fila de esa foto que la presidenta del PP escenificó el lunes. Trescientas personas para avalar su candidatura, sonrientes y vestidos para la ocasión en las escaleronas de la iglesia de San Juan y San Pedro de Renueva. Rostros conocidos y otros que lo serán, recompensados por su labor de atrezzo, como los espectadores que hacen de fondo en el Sálvame y se van para casa con un bocadillo en el estómago después de aplaudir cada vez que levanta el cartel el regidor. La cohorte que sirve para la representación mayestática de un dominio que lo abarcará todo durante los cuatro próximos años. Pretorianos que custodian la estructura forjada con lealtades y servidumbres para satisfacer sus aspiraciones o consumaciones de cargos políticos.
A quien no estuviera en la imagen, salvo enfermedad, poco le queda que esperar en el PP leonés hasta que cambie el ciclo. El anverso de la instantánea refleja a los que se han movido. Un grupo crítico que se cebó con el barbo que soltó en el río Morano, quien hace ocho años fue el valedor de Carrasco y ahora, con la andorga bien cubierta, no ha perdido opción para encender la cizaña. La llama a la que han dado pábulo otros de los valedores de la presidenta en su origen, como Cipriano Elías Martínez o Juan Martínez Majo. Los barones que pusieron mesa y mantel en Riello en aquella cena que sirvió para apuñalar por la espalda a Javier García-Prieto. Qué curioso, los mismos que, cuatro años después y ahora de nuevo, han querido sacarlo en procesión para que encabece el cartel de los opositores.
En el cásting también han estado Carlos López Riesco, que sólo fue de fogueo; Amilivia, tranquilo en el limbo del Consultivo; Antonio Silván, a quien esto le queda lejos; o Cecilio Vallejo, quien vuelve a ser la gran esperanza blanca, como el hijo que estudia 20 años para notarías y acaba de pasante. Nadie que haya logrado el permiso de Génova, ni de Valladolid, para abanderar el ejército de cadáveres que Carrasco acumula como muescas en la culata desde sus tiempos de inspectora de Hacienda. Cada vez más, cada vez con más inquina, contra las formas despóticas y la acumulación de poder de la presidenta.
A poco que se esfuerce, Carrasco la próxima vez tiene que reservar la plaza de toros para una foto de 360 grados.