Diario de León
Carlos Frá
León

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La Ciudad de la Energía, la Ciuden, se ha convertido en algo así como un oasis en estos tiempos de tijeretazos. Tras dos presupuestos del Estado con unos recortes para los que ya se han agotado los calificativos ahí sigue con total vigor, al menos, en materia financiera. Pero la situación no deja de suponer una gran paradoja porque se mantiene con fuerza en las disponibilidades de su caja pero vive en una permanente penumbra sobre sus actuaciones, sus objetivos y sus logros reales.

Vaya por delante que la apuesta de José Luis Rodríguez Zapatero para poner en marcha este proyecto es probablemente uno de los acontecimientos más importantes en mucho tiempo para una comarca como la del Bierzo que necesita nuevos bueyes que tiren de un carro que tiene las ruedas más que enfangadas. Pero la realidad de la Ciuden, después de varios años de importantes inversiones, es que se ha ido metiendo también en unos fangos de difícil explicación. Sus actuaciones se fueron llenando de interrogantes y especialmente en materia de contrataciones, sobre las que siempre ha planeado, justificadamente o no, la sensación de que carecían de cualquier transparencia y principalmente de ninguna eficacia más allá de la meramente partidista.

A la Ciuden, durante estos años, se la ha podido ver haciendo las cosas más variopintas. Desde llevar a los bercianos a conocer el Bierzo hasta exhibiendo cartel en los talleres de Cima para explicar ciencia a los más pequeños. Un sinfín de movimientos sin una aparente lógica en los que lo único claro es que por dinero no quedaba.

Ahora, con el Museo de la Energía varado y con las dudas sobre cuál será su planteamiento industrial en Cubillos del Sil se ha producido un cambio en la dirección. Y quizás más que nunca será exigible un cambio también en la Ciuden para que aclare los destinos de los cuantiosos dineros públicos que maneja y especialmente sus objetivos reales —ahí se pasa del oasis a los espejismos—.

Cuando no hay para nada sí que lo hay para la Ciuden y no sería admisible que este importante proyecto acabe descarrilando porque no logre ganarse el respeto institucional que se merece con un rediseño de sus objetivos.

El barro en la Ciuden ha sido mucho y si no que se lo digan a los cientos de niños que cada fin de semana acuden a los campos de fútbol del polígono aguardando su arreglo.

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