Diario de León
Eduardo Aguirre
León

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Leo en un titular de este periódico: «La osa merodea por Páramo». Merodear es verbo deambulante, y no nos concreta si es aquí mismo o dos más calles allá; aunque, eso sí, no muy lejos. Saber que tal animal hambriento está cerca produce casi tanta sudoración como toparse de bruces con él, pues el miedo actúa siempre por adelantado. «Y si me topo con ella… ¿qué la digo… querrá zamparme o sólo cogerme prisionero? Luego te la encuentras y, salvo que sea en el ascensor de casa o en el pasillo, no habrá resultado para tanto. Un sustín. Son nuestros miedos quienes merodean por nuestro interior, haciendo estragos.

Últimamente, no hay día en el que no salgan animales en los periódicos, dicho sea sin ánimo de segundas intenciones, ni siquiera políticas: una osezna perdida, lobos que atacan al ganado, hasta una plaga de conejos ha caído sobre Toral. ¿Veremos pronto al Abominable Hombre de las Nieves haciendo números circenses con una cabra por Ordoño, mientras Robín de los Bosques pasa el plato? Lo mismo a Noe se le ha amotinado la tripulación y no nos hemos enterado. La madre naturaleza está inquieta, no hay más que verla. Nos conoce bien. Después de todo, procedemos del cruce de una ameba saltarina con un mono gigoló. O algo así, pues servidor es de letras, como el alcalde y algunos quijotes más, y con las materias de ciencias me lío.

Los seres humanos hemos de convertirnos en los domadores de nuestros propios temores, para no ser devorados por ellos al menor descuido. Tiene razón Teodorov, al afirmar: «Nos salvará la toma individual de conciencia»; o sea, añadimos, la de cada uno en diálogo fraternal con la de los demás. No construyas tu mundo según las cobardías de los demás, pero sí podéis ayudaros a combatirlas. Mientras escribo esto me viene a la memoria el bello lema que utilizó Juan Pablo II para su pontificado: «No tengáis miedo». Quien esto escribe ya sólo le teme a ser devorado por pirañas durante un baño en el Orinoco, degustación poco probable pues soy más de turismo interior; a eso y a que Georgie Dann saque nueva canción del verano; mucho más a esto que a aquello, claro. Antes prefiero toparme con esa osa que merodea hambrienta por Páramo, aunque me devore sin anestesia.

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