Diario de León

MÁS QUE PALABRAS

Televisión y manipulación

Publicado por
ESTHER ESTEBAN
León

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Las televisiones públicas han sido, desde siempre, el botín de guerra del partido ganador. Todas, sin excepción, han servido a los intereses del gobierno de turno y todas han sido objeto, también, de reproche por parte de la oposición del momento. Todos han querido meter la cuchara en los informativos, influir para publicitar mejor sus productos políticos por lo que la manipulación se quiera o no es un hecho. Hay muchísimas formas de manipular y la peor es la que se hace de forma sutil y vergonzante para aparentar pulcritud informativa. Esa en la que ¡de repente! se cuela un plano terrorífico de la peor de las guerras con niños ensangrentados, o un símbolo nazi o cualquier imagen que repele al espectador en mitad del «total» del político de turno.

Se manipula cuando se pone el acento en una parte y no se cuenta toda la verdad o, simplemente, cuando se da prioridad a una noticia frente a otra con fines espurios. La manipulación, según el diccionario es «la influencia que ejerce una persona sobre otra o la intervención en un asunto para conseguir un fin determinado». Es verdad que la definición de manipulación es muy ambigua y hay quien sostiene que en esta vida casi todo esta manipulado porque sólo cuando se dice, al 100 por cien, la verdad sobre algo o alguien se puede evitar ese riesgo y suele ser muy difícil.

La semana pasada el Congreso ratificó el Decreto Ley de Modificación del Régimen de Administración de RTVE lo cual posibilitará al PP designar, unilateralmente, al presidente de la corporación aprovechando su mayoría absoluta. El debate fue muy áspero, muy tenso con acusaciones y descalificaciones mutuas.

Lo de matar al mensajero es algo habitual en los tiempos que corren y aunque aquí no hay inocentes ya es hora de que se empiece a poner en valor a los profesionales. A mí me da igual quienes sean los gestores de las televisiones públicas. Lo justo y lo coherente es que a los periodistas se les juzgue por su trabajo, que se analice si lo hacen bien o mal y que sean valorados por criterios profesionales.

¡Claro! que los periodistas podemos estar situados ideológicamente donde queramos pero a la hora de ejercer nuestra profesión la vara de medir no puede ni debe inclinarse hacia ningún lado. A ellos, los políticos les gusta situarnos a un lado u otro de la barricada y si nosotros aceptamos sin rechistar y silentes que se nos ponga la etiqueta de un partido es el fin. Solo habrá periodistas de partido y partidistas y entonces ¡Adiós, pobre profesión la nuestra!

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