Diario de León
Publicado por
JOSÉ A. BALBOA DE PAZ
León

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Al comenzar la primavera, la situación del campo en Castilla y León era angustiosa porque prácticamente no había llovido nada durante meses. Campos resecos, labranzas a punto de perderse por falta de agua, pesimismo generalizado; ese era el ambiente que se respiraba de forma colectiva: catástrofe sobre catástrofe. Los campesinos miraban preocupados al cielo, hacían rogativas y todavía las hacen en algunas zonas, pues la pasada semana la Virgen de Castrotierra procesionaba hacia Astorga por ese motivo entre el ondear de los pendones de los pueblos comarcanos. Sin embargo, ha pasado un mes y la situación en general ha cambiado drásticamente. El campo se ha vuelto verde, el trigo se encaña y los pantanos alcanzan porcentajes de agua superiores incluso a los del pasado año. Aunque no llueve a gusto de todos, por esta vez parece que la cosa se va salvando.

Los agoreros de males no dan respiro en sus críticas al gobierno. Olvidan la herencia que dejaron, y un día sí y otro también airean la situación en que vivimos, como si no fuera nada con ellos ni de nada fueran responsables. El gobierno de Rajoy, gritan a todo pulmón desde sus medios, no es capaz de sacarnos de atolladero y con sus recortes sociales en sanidad, educación y servicios sociales desmantela el Estado del bienestar. Incluso jalean a los del 15-M, que festejan su aniversario con concentraciones ralas, pero que se arrogan una representatividad que las urnas no les dieron. No hay esperanza: nos amenzan los especuladores de la deuda con una subida de la prima de riesgo que roza los 500 puntos, los bancos no han hecho sus deberes y uno de ellos, Bankia, tiene un agujero mayor del que decía,con lo que no fuye el crédito; las comunidades deben apretarse aún más el cinturón porque aún siguen despilfarrando. La situación no puede pintarse con tintas más tenebrosas.

Sin embargo, creo que el gobierno gobierna y que las medidas duras e impopulares que toma son acertadas y darán resultado. Nunca llovió que no escampara. Otros dicen que el PP amenaza nuestro sistema de bienestar y debemos protestar con huelgas y manifestaciones. Nuestra situación me recuerda lo del viejo hambriento de hierbas, que al volver la vista atrás «halló que otro iba recogiendo las hierbas que él arrojó». Visité hace unos días Rumanía, país que fecha su historia reciente desde la Revolución de 1989, con la caída del comunismo, cuyos únicos vestigios son las fábricas destartaladas de una industria pesada arruinada y las casas colmenas que se caen a pedazos. También allí renace la vida, aunque en precario: los profesores malviven con 350 euros al mes y los médicos públicos exigen mordidas a los enfermos si quieren un trato mejor, y han de pagar las medicinas. No es el nuestro el mejor de los mundos, pero los hay peores en la Unión Europea.

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