HISTORIAS DEL REINO
Quien inventa y quien fabrica
En una reciente carta al presidente Mariano Rajoy, José Luis Sampedro, intelectual de más que reconocido prestigio de nuestro país y hombre que, a sus años, ya lo ha demostrado todo y puede decir con libertad lo que le dé la real gana, se despachaba a gusto con la que está cayendo. Excesivas las formas, no el contenido. Durísimo toque de atención que merece uno de esos silencios meditados en los que bajas los ojos para reconocer, con rubor, que la situación de España camina con pasos cambiados. Incide Sampedro en los temas candentes: banca, sanidad, educación.
Recuerda, por el arisco deslizar de su texto, que mientras que los países desarrollados como Alemania, Estados Unidos o Francia invierten en Investigación entre el 2,6% y el 3,4% de su PIB, aquí rebajamos la inversión del lindo 1,3% al 0,9%. Como afirma Sampedro, es la diferencia entre quien inventa un coche y quien lo fabrica. El que inventa se lleva los beneficios de todos los coches que se venden, el que los fabrica sólo de los que salen de su factoría. En el primer caso se encuentra Alemania, en el segundo Polonia, Rumanía y España. Así nos va.
Cerramos la pasada semana, ya de por sí acongojante, con los ajustes de 10.000 millones de euros aprobados en el Congreso y que descabellan la Sanidad y la Educación. Para esos alumnos que buscan un futuro mejor, eso representa que, si se matriculan en universidad pública, pagarán entre un 15% y un 25% del coste real de los grados y másteres en primera matrícula. A no ser que la comunidad a la que pertenezcan valore otras medidas. De momento, el Consejo de Rectores considera muy seriamente impugnar tales directrices gubernamentales.
En Castilla y León, la Consejería del ramo ha propuesto a las públicas de la autonomía «un gesto»: que dejen de ofertar matrícula para el 2012/2013 en aquellas titulaciones con menos alumnos, menos viables económicamente por tanto. Salamanca y Burgos han valorado la opción. De momento, Valladolid y nuestra Universidad se resisten a tales cambios. Supone esta medida, avanzado el tiempo camino a la selectividad y elección de carreras, que, a contrapelo, se fuerce a los alumnos a emprender otros estudios, si no pueden pagárselos fuera, o a marcharse de su Campus.
La crisis lleva al abordaje bucanero de temas intocables. Se puede considerar la forma de eliminar duplicidades con baja demanda, reforzar la especialización de los centros. Lo que se quiera. Pero no son éstas ni las maneras, ni las formas, ni los tiempos. Quizás los españoles prefiramos matrículas más baratas, mejores servicios sanitarios y una educación de calidad, antes que mantener un Senado sin funciones, sueldos de políticos que superan los 100.000 euros y otras lindezas. A estas alturas, uno se pregunta si todavía alguien escucha la voz del pueblo.