FRONTERIZOS
Odiosas comparaciones
Son odiosas, ya sabemos, las comparaciones. Precisamente por eso nos pasamos el día en el delicado ejercicio de cotejar magnitudes, confrontar sensaciones, compulsar experiencias. Aunque Pascal nos enseñó que todos los males humanos surgen de la incapacidad del hombre de permanecer sentado en silencio, poco caso le hacemos al sabio francés y vamos componiendo un mundo comparativo, bordeando el peligro de aquella mezcla tonta de peras con manzanas.
Ahora vivimos pendientes de un familiar desconocido que de repente irrumpe en nuestra vida, convirtiendo la placidez en pesadilla. Un pariente del que no habíamos oído hablar llamado prima de riesgo que no es más que otra comparación odiosa entre tipos de interés. Un asunto de financieros que se ha incorporado a la conversación de café en la que volvemos a comparar con ese desparpajo tan español de pontificar sobre lo que se ignora. «España no es como Grecia», dice uno cargado de razón: las fugas de capitales nacionales duplican a las helenas. «El presente griego puede ser el futuro de León», dice otro, no sabemos si pesimista o vidente.
Lo comparativo todo lo invade. Estos días hemos oído decir a uno de los máximo líderes sindicales de la minería, Manuel Lamelas, que con el uno por ciento del rescate de Bankia se solucionaría el problema del carbón. Lo cual es tan cierto como que con el cero coma uno por ciento de ese mismo dinero mejorarían notablemente las ayudas sociales en un país en el que ya se está pasando, literalmente, hambre (véase el desesperado llamamiento de auxilio de Cruz Roja o el informe de Caixa Catalunya sobre la pobreza infantil), o que con el cero coma cero uno por ciento arreglaríamos la Red de Teatros de Castilla y León, que anda pendiendo de un hilo aunque los cómicos no corten carreteras.
Símiles tendenciosos y carentes de gracia frente a los del maestro de la comparación de este cansado país. Se llama Javier Krahe y es un tipo que canta canciones divertidas para un público pequeño pero absolutamente fiel. Una especie de Brassens castizo que ha heredado además el ingenio de Chicho Sánchez Ferlosio. Un personaje inofensivo, carente de ambición alguna salvo la de ir tirando, que cree, como buen ácrata, «en la profunda inutilidad de todos los actos de tipo político». Algunos de sus mejores temas se basan, precisamente, en la comparación: de la estatua de Villatripas a la importancia del tamaño en Un burdo rumor.
A Krahe lo acaban de juzgar por un video de hace treinta años con el punto gamberro propio de la explosión de libertad de la transición que al parecer no ha gustado a los especialistas en sentirse ofendidos. Una buena ocasión para hacer otra odiosa comparación entre la España de 1978 y la actual.