Diario de León
Carlos Frá
León

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Siempre se dice que los grandes partidos son incapaces de pactar nada. Y creo que en el fondo eso no es verdad porque aunque sean incapaces de ponerse de acuerdo cuando se miran a los ojos cara a cara hay temas en los que el acuerdo tácito se hace más que evidente. Y todo esto viene a cuenta de lo que ha ocurrido con las cajas de ahorro.

El rescate, intervención, ayuda o crédito de Europa —depende del vestido que le ponga cada cual— deja en evidencia que las tropelías de las cajas de ahorro acontecidas durante las dos últimas décadas —desde que las tomaron al asalto los políticos— han sido inmensas y también inmensamente silenciadas por unos y otros, y los de más allá.

Hace ya años literalmente que en países como Alemania, Estados Unidos o Inglaterra se realizaron planes de recapitalización de los bancos mientras en España se defendía aquello de la champions financiera . Allí se tapó la vía de agua a tiempo y se buscó un camino mejor.

Pero en España bajo el término de banca se intenta deformar la realidad. El problema no es genérico sino que está centrado en las cajas de ahorro, que al abrir mínimamente las puertas se han tornado en cajas de Pandora, de las que han salido todo tipo de vientos y lo peor es la duda sobre si aún saldrán más.

En el tema de las cajas no se libra nadie. El escándalo salpica a los populares de la Bankia-Caja Madrid-Bancaja de Blesa, Rato o Camps, a la Caixa Catalunya del ex presidente socialista Narcis Serra, a la castellano-manchega de Bono y Barreda, a las gallegas que se las habían repartido a medias e incluso a la eclesiástica Caja Sur.

Aquí, la herencia de la vieja Caja León es importante. Pagó el campus universitario, la mayoría de los centros sociales de la provincia, colegios... pero todo esto ocurrió hace más de 20 años. Justo hasta que se produjo el giro radical en la gestión de las cajas para convertirlas en un brazo armado —de dinero— de los partidos políticos. Desde entonces su legado se limitó a ciclos de no se sabe muy bien qué y a unas participaciones industriales que al final se fueron en muchos casos por las cloacas.

El agujero es inmenso y hay que taparlo. Esconder unas cajas dentro de otras al estilo de las matrioskas rusas no ha dado resultado y las vergüenzas han asomado cuando al abrir la caja de Pandora de Bankia el huracán se hizo patente. Y lo peor es que seguimos sin saber toda la verdad.

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