TRIBUNA
Una deuda de gratitud

Todo leonés que se precie de serlo, morador de esta ciudad mesopotámica entre el Bernesga y el Torío, debería estar instruido en los nombres de su callejero y en el porqué de los mismos. Informo al respetable lector que acabo de registrar en el Excmo. Ayuntamiento una solicitud para que se inscriba una calle a nombre del Dr. Enrique Salgado Gómez (León, 1926-Barcelona, 1997). Pertenece el mencionado facultativo a una ilustre saga leonesa dedicada de cuerpo y alma a la medicina. Su padre, Enrique Salgado Benavides, junto con su hermano Fernando, fueron prestigiosos oftalmólogos. Su tío Félix Salgado Benavides, médico internista, fue «patriarca de la medicina leonesa», fundador y director del primer dispensario de la Cruz Roja en León. Enrique Salgado Gómez se especializó en oftalmología y cirugía en la Universidad de Barcelona ejerciendo siempre en la ciudad condal. En ella estableció su propia clínica, rechazando los ofrecimientos para incorporarse a las del Dr. Barraquer o del Dr. Arruga. Además de la labor clínica, el Dr. Enrique Salgado Gómez destacó por sus descubrimientos sobre la microcirculación en la conjuntiva del ojo para detectar enfermedades vasculares y cardiacas, alcanzando resonancia universal por haber establecido un nuevo puente entre la oftalmología y la medicina interna. De gran interés son sus trabajos sobre la miopía, fundando la revista que lleva ese nombre. La curiosidad como humanista, condujo a nuestro insigne paisano a rebasar con creces el cauce de la medicina, escribiendo una veintena de libros. En este apartado destacan los estudios sobre Goethe, Chejov, el Greco y Paulina Bonaparte, pero, sobre todo, es de subrayar, su personal enfoque a través de lo que él llamó «radiografías» ( Radiografía de Cristo, Radiografía del «Che», Radiografía del dictador, Radiografía de Franco, Radiografía del odio ).
Para apoyar la solicitud de inscribir el nombre del Dr. Enrique Salgado Gómez en el callejero he contado con el concurso del Ilustre Colegio de Médicos, Hermandad de Donantes de Sangre, Cruz Roja y el cronista oficial Máximo Cayón Diéguez. Junto con la familia Salgado, quiero expresar a todas estas instituciones y personas mi profundo agradecimiento, extensible también por su colaboración a Fulgencio Fernández y a Pedro Trapiello, plumas sensibles, agudas y brillantes donde las haya. Con honda decepción y tristeza no puedo decir lo mismo del apoyo solicitado a la presidencia de la Diputación. Requerida una explicación al prolongado silencio, respuesta: «las Diputaciones sólo se ocupan de cuestiones concernientes a la provincia». ¿Cómo es posible, entonces, que la Diputación haya entregado a la Cultural y Deportiva Leonesa 191.000 euros, siendo un club privado capitalino que milita en la categoría más ínfima de la competición nacional? ¡Pero, por amor de Dios, si sólo se piden unas simples palabras a favor de quien, si bien no ganó una medalla olímpica ni tiene un puesto en la Guía Michelín, paseó con su prestigio el nombre de León y su provincia por toda Europa! La funcionaria insiste: «no vamos a responder». Quien aplica el silencio, le digo, tiene el privilegio de no equivocarse nunca. Casualmente, mira por donde, el Dr. Enrique Salgado Gómez era consuegro de Julio César Rodrigo de Santiago, que fue presidente de la Diputación de León. Y un hermano de Julio César, Alfredo Rodrigo de Santiago, otro de los muchos leoneses ilustres de la diáspora, es yerno del Dr. Salgado por casar con Caridad Salgado Cirera. Alfredo abandonó León a la temprana edad de doce años, ocupó un alto cargo y jugó un papel relevante durante la transición, sería más tarde gobernador de Cáceres y es, actualmente, embajador en la Unión Europea de Guinea Conakry, la antigua Guinea Francesa.
Realizado un detenido examen del callejero de nuestra ciudad, y como posible ubicación de la inscripción del Dr. Enrique Salgado Gómez en el mismo, he propuesto a la corporación municipal —a título personal pero sin duda secundado por muchos leoneses— que su nombre sustituya a la actual calle denominada Capitán Cortés. ¿Por qué? El sostenimiento de la actual placa resulta hoy un signo inconsecuente por haberse desplazado a otro lugar de la ciudad el cuartel de la Guardia Civil que motivó en su día su denominación; y por su vinculación a un episodio funesto de nuestro pasado que ha sido desechado prácticamente del callejero con la llegada de la democracia. En cambio, en el Dr. Enrique Salgado Gómez concurren circunstancias que hacen pertinente y aconsejable su inscripción en un importante punto del callejero local, a saber: nacido en León; gran relevancia como científico, profesional y humanista; alta reputación familiar en el seno local y provincial; y prestigio nacional e internacional.
No sería la primera vez que se muda de nombre a una calle. Además de los relacionados con la Guerra Civil (Generalísimo, José Antonio, Calvo Sotelo, Legión Cóndor, General Sanjurjo), se dieron otras sustituciones, como mudar la Calle del Espolón por Avda. Álvaro López Núñez, allá por los años veinte del pasado siglo; o la más reciente del Estadio Municipal Antonio Amilivia por el de Reino de León. Los ejemplos se podrían multiplicar. Incluso ha habido casos de cambio de nombres por traslado, como el de la Calle Daoíz y Velarde, desplazada al Barrio de El Ejido, cuyo nombre denominaba no hace mucho la actual Calle Pablo Flórez.
Existe, pues, una deuda de gratitud con quien vio en León la luz por primera vez y luego dedicó mucho tiempo, saber y esfuerzo para que muchos ojos pudiesen liberarse de la oscuridad. Si todos estos merecimientos no merecen el apoyo ciudadano en el simple nombre de una calle, nunca mejor dicho, que baje Dios y lo vea.