Diario de León
Carlos Frá
León

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En estos tiempos en los que en décimas de segundo nos googlelizan todo lo que existe en el Planeta sobre el tema que nos interesa y en los que las cosas nunca terminan de pasar porque ya surgen otras que eclipsan a las anteriores no salgo de mi asombro con lo de la obra de la ruta del Cares. Y lo digo en positivo, por aquello de que al ser humano de vez en cuando le viene bien algo de humildad.

En los últimos días se ha hablado mucho de la humildad a cuento de los triunfos de Rafa Nadal y en el mundo futbolero tanto entrenadores como jugadores ya han convertido esa palabra en uno más de sus muchos tópicos cuando tienen que comparecer en público.

Pero para cura de humildad la del Cares. En pleno siglo XXI, cuando la tecnología parece que puede con todo y que no encuentra barreras, resulta que para arreglar la ruta hay que recurrir a algún propietario de mulas o caballos para que lleve el material necesario hasta el punto en el que la naturaleza decidió que había caducado un siglo después el camino tallado a mano en la roca.

Allá por la segunda década del siglo XX fue una obra fabulosa realizada a mano por 2.000 hombres que mordieron literalmente nueve kilómetros y medio de montaña para la construcción de la central de Poncebos. Y ahora resulta que un siglo después parece que la dificultad del terreno obliga a recurrir a las filas de mulas de nuevo, como ya se hizo entonces, para arreglar la senda.

La reapertura de la ruta del Cares es muy importante para la montaña oriental leonesa. Es uno de sus principales polos de atracción para que el turismo que acude hacia Picos de Europa opte por adentrarse por León. Y por ello bienvenidas sean de nuevo las filas de mulas que tanta importancia tuvieron tanto para la obra originaria del Cares como para que el carbón pudiese salir de la provincia hasta que el ferrocarril empezó a crear nuevas sendas por la provincia.

Esas mulas que hoy tendrán que volver a los caminos son un toque de humildad forzada contra la soberbia del ser humano y para quienes solo miran hacia adelante sin querer atender ni entender. Y también habrá de nuevo filas en la carretera de Madrid. Serán una vez más los mineros, pero en este caso para doblegar la actitud empecinada de un ministro. ¿Quién es aquí terco como una mula?

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