AL TRASLUZ
Gran chispazo
Este año, no hay partida para iluminar las calles en las fiestas patronales. Antes la había, pero no se pagaba. «Las tendremos que iluminar con nuestras sonrisas», ha dicho el concejal del área, Juan Pablo García. Será dificilillo, pues el ánimo colectivo tira a Buster Keaton, ya saben, el cómico con gesto de palo a quien Hollywood le hizo firmar una cláusula en su contrato por la que nunca debería aparecer sonriente en público. Además, no todas las sonrisas tienen los mismos voltios. Y sonreír como la Gioconda es fácil, porque ni siquiera tenemos claro que lo esté haciendo. Pero me ha gustado tanto la ocurrencia que por mí no va a quedar. Voy a pasearme por Ordoño muy sonriente, y si bien no me comprometo a que aquello brille como Las Vegas, sí a poner algunos neones vistosos aquí ya allá.
Tampoco habrá mucho estruendo en los fuegos artificiales. Calculado en términos bélicos, sonará más a tiroteo de novela de Lafuente Estefanía que a secuela de la Guerra de las Galaxias. Bueno, mejor así, hay que mantener el cielo despejado, no vayan a irrumpir los cuatros jinetes del Apocalipsis y no les sintamos llegar. Ya metidos en horrores, habrá una fiesta zombi, a lo largo de la ciudad. Como el lector sabe, pues todos tenemos adolescentes en la familia, un zombi es alguien con el apetito desatado y que gruñe en un lenguaje ininteligible. Uno es más del conde Drácula, pero si hay que caminar despeinado, mal duchado y dando tumbos pues se hace, todo sea por la causa.
Pero volvamos a la sonrisa como energía eléctrica alternativa no contaminante. En 1936, año aciago para los españoles, para unos más que para otros, Charles Chaplin compuso la melodía Smile (Sonríe), para su película Tiempos Modernos , y años después se le pondría letra, convirtiéndose en una de las canciones más populares, como un himno: «Sonríe/ aunque te duela el corazón/ sonríe/ incluso cuando te rompes/». Ya no es cantada tanto como antes, pero su belleza y su verdad permanecen intactas. Sonriamos, mientras intentamos sobrevivir a este gran apagón. Sonriamos ¿Incluso a esos zombis que se han dado un festín con mi marido? se preguntará alguna lectora sobrecogida. Sobre todo a ellos, señora, su marido era un plomo.