LA LIEBRE
San Juan
San Juan es la segunda puerta del año. El atajo para inmolar los seis primeros meses que han atardecido un poco más esta provincia. Un salto por encima de la hoguera en la que crepitan los leños que fueron vigas del estado del bienestar. Arde León. Reposan las cenizas de San Juan consumidas de deseos. Un sueño por cada hombre que se atrevió a desafiar al fuego robado a los dioses. Una esperanza por cada uno de los 40.000 parados que engordan la cola del Inem en esta tierra. Pocos para los que vendrán, ahora que la Junta ha decidido despedir a los orientadores de empleo, que lo que hace falta son empresas de trabajo temporal que se lucren de la miseria y aprovechen los nichos de negocio; nunca mejor nicho.
Y crece una espiral alimentada por cada manifestación que en los últimos meses ha convertido la ciudad en un pasillo sin puertas a los lados: por los estudiantes que tendrán que renunciar a la universidad por falta de recursos y por los profesores que ven sacrificada la calidad por la rentabilidad; por la sanidad que descuadra vidas en cuentas de resultados; por cada empresa que ha dejado en la calle a cientos de familias para aumentar sus beneficios o huir con las subvenciones; por los mineros que retan al pensamiento único de los recortes con su larga marcha de funeral, con su dignidad a prueba de ministras de Trabajo que frivolizan con las prejubilaciones de pico, pala y silicosis, mientras un político suma la cotización máxima por recostarse 7 años en el Congreso o el Senado. Pero amanece San Juan con las hogueras todavía en brasas.
Hay en las eras muchachas que bailan con una raíz de urz en el pelo y risas de anjanas, viejos que hilan historias de cuando se sabía el valor de un hombre por la huella que dejaba su apretón de manos, rapaces que sueñan con saltar la hoguera para hacerse hombres, mozos que se tientan con los ojos para esconder que también tienen miedo, madres que dejan en la almohada tréboles de cuatro hojas para la suerte de los hijos, abuelas que sacan a la ventana la clara de un huevo fondeada en un vaso de agua para alejar el mal... Ahí, en esa mañanita de San Juan, renace el año. Un verano nuevo sin prima de riesgo, ni bono alemán a diez años, ni deuda soberana, ni inventos para convencer a la gente de que es tonta, de que la culpa es suya y que es mejor que cante y no se queje: aserrín aserrán...